4 de març 2014

¿Tenemos derecho a quejarnos?

Nadie vio sospechoso que los grandes de Europa salieran corriendo de las oficinas del Santos al intentar fichar a Neymar. Nadie sospechó de que sacos sin fondo como los del Bayern, Chelsea o Manchester City se cerraran cuando fueron a preguntar precio por el brasileño. Nadie sospechó que fuera el Barça, el último de los 13 equipos que lo intentaron, quien consiguiera ficharlo. Nadie preguntó ante las primeras informaciones - brasileñas - que hablaban de una comisión al representante más alta que el propio fichaje. Tuvo que ser un aficionado mal pensado, harto de no recibir respuestas, quien pusiera una demanda para destapar todo el pastel. A la demanda de ese socio cabreado se han adherido, por vergüenza torera más que por otra cosa, la fiscalía y Hacienda. Los dos entes que se supone que deben vigilar y entrar de oficio en asuntos como estos han ido a rebufo de un aficionado inquieto. Una vez saltada la liebre las reacciones no son más que surrealistas. El club se escuda en una conspiración madridista patrocinada desde Moscú, mientras su presidente dimite 'por asuntos personales'. Los entes deportivos con sus reglas kafkianas guardan silencio; menos el presidente del Consejo Superior de Deportes, quien sale acusando a la justicia de 'acoso desmedido a un club ejemplar', 'el equipo de Inesta, el hombre que nos dio la gloria del Mundial'. Tal base argumental también debería costarle al señor Cardenal una visita al banquillo, pero al de Moncloa para ser cesado. Hablamos de un fútbol que estafa, y ha estafado a Hacienda, cientos de millones con total impunidad.

De repente un bote de humo en un estadio se convierte en un homenaje a un club, que en cualquier otra latitud de Europa, hubiera sido sancionado de tal manera que lo que resta de campeonato lo hubiera jugado en el exilio. De repente las autoridades manejan a capricho horarios y sanciones creando un precedente tan injusto como peligroso. Pues nunca antes ni Federación ni Liga tuvo en cuenta 'el atenuante' de una 'afición ejemplar' para canjear sanciones por tributos haciendo siempre pagar a justos por pecadores. ¿Hay aficionados de primera y de segunda? Tampoco se puede esperar más de una competición que muestra indiferencia ante la agresión a un jugador y se pone ruda cuando el agredido es un árbitro. Ahí demuestran sus prioridades, como la de multar – recaudar – a un jugador de Segunda B por levantarse la camiseta en apoyo a los niños enfermos de cáncer. Sólo hay que ver los tipos que componen – y cómo trabajan – los comités de competición, más pendientes de cumplir con las fiestas de guardar que con su cometido. De presidente de la LFP tenemos a un tipo que fue confidente, mano derecha y abogado de Piterman en el afer Alavés, que se ha hecho rico instando a medio fútbol español a entrar en concurso de acreedores para ser su auspiciado, y que no aguanta dos minutos de hemeroteca sin que se presente la policía a preguntar por él. Ese personaje ha sido votado por los clubes, los mismos que firman indultos a presidentes condenados por corrupción y alzamiento de bienes, con orden de ingreso en prisión cursada – e incumplida –. Estamos ante un fútbol, y un país, en el que grabaciones a presidentes y capitanes confesando haber comprado partidos se guardan en un cajón para ser olvidadas. Donde autores como Ronald Reng relatan - con todo lujo de detalles - en sus libros cómo el Tenerife - Getafe, que dio el ascenso a los madrileños, fue comprado sin que nadie abra la boca; donde el presidente de la LFP acusa a clubes y jugadores de amaños sin presentar pruebas ni tomar medidas de ningún tipo. Estamos en el único lugar de Europa en el que la justicia no tiene abierto ningún proceso por compra de partidos, en un país que acepta - casi hasta institucionalizarlos - los maletines.

Vivimos en tal locura que hay que despreciar competiciones – ni que se ganaran todos los días – porque no regalan miles de millones por participar. Nos han convencido tanto que en el fútbol actual ya no se habla de ganar títulos, ni partidos, sino de ganar o perder dinero; de ganar dinero fácil, como si alzar un trofeo no repercutiera en tu economía a corto plazo. Tal es así que las ansias reivindicativas por un reparto televisivo más justo se apagan cuando el personal lee que su club pasará de ganar 42 millones a 60 - o de 12 a 30 - . De repente la desigualdad respecto a Real Madrid y Barcelona ya no importa, ni tampoco que el Rayo Vallecano ingrese la mitad que el VCF mientras éste mantiene su distancia de 82 millones con los otros dos. Lo que cala son los 18 millones de más que te echan como se le echa un cacahuete a un mono enjaulado. ¿Cómo se le puede tener miedo a la igualdad? Todo funciona así, como la nevera arbitral, que sólo se utiliza cuando se le perjudica al Real Madrid o al Barça y no cuando el agraviado, de forma escandalosa, es el colista de la liga. Díaz Vega llegó hace años para 'mejorar el estamento' y desde entonces no ha hecho más que empeorar el nivel de los árbitros, aplicando descensos y ascensos sin motivos deportivos, donde se usa el frigorífico de forma – nunca mejor dicho – arbitraria y a modo de coacción. Ya es imposible ver un partido de fútbol en el que el colegiado de turno no cometa errores de bulto.

Salvo la afición vallecana, la única que ha utilizado el estadio para arremeter contra los horarios y demás asuntos, casi ninguna otra ha mostrado queja alguna. ¿Qué derecho tenemos a quejarnos de dirigentes indignos cuando nos pasamos la vida votando a políticos corruptos 'porque son de los míos y los otros son  todos igual'? ¿Qué derecho tenemos a enfadarnos si no ganamos un título cuando hacemos Trending Topic las noticias que nos hablan del poco dinero que da jugar tal competición y lo molesta que es para poder jugar otra que reparte más euros? ¿Qué derecho tenemos a lamentarnos de Tebas cuando justificamos a nuestros propios presidentes ante cualquier mamarrachada? Y no sólo nos callamos, sino que lo consumimos y aceptamos con disciplina japonesa. Este es el único campeonato de Europa en el que no se protesta contra los estamentos que lo rigen. Los aficionados ingleses y alemanes llevan dos años usando la calle y los estadios para quejarse de los precios de las entradas (y son más baratas que aquí en el caso alemán) y de las decisiones de sus ligas en diversas materias, como la seguridad en los estadios. Puede que sea una tendencia cultural, puesto que en nuestra prensa latina se ha impuesto la dictadura de no mirar más allá de la banalidad para ahorrarnos pensamientos y críticas. No vaya a ser que se acabe el chollo. Todo esto no deja de ser una causa-efecto del modelo de sociedad que tenemos. Acrítica, sectaria y poco inquieta, demasiado dada a la comodidad y al mirar para otro lado 'mientras lo mío esté a salvo'. Simplemente tenemos lo que somos, nada más.

PD: En la foto, captura de trendsmap donde se mide qué se habla en twitter por países. Mientras el mundo mira a Ucrania aquí se habla de los Oscars.

5 comentaris:

hoeman ha dit...

¡Genial artículo, una vez más!

Por sumar, podríamos sumar lo de España como paraíso del dopaje con la connivencia (si no la implicación directa) de los propios políticos y "estamentos antidopaje".

El mapa que encabeza la entrada: significativo y demoledor.

Desme Mou ha dit...

Lo del dopaje es otra traca, pero meter eso ya era quedarse largo. Eso sí, que no se le ocurra a ndie abrir la boca, que nos enfadamos mucho, pero hacer aquí no hacemos nada.

Fíjate en Alemania que no han tenido reparos en asumir que sus equipos olímpicos, y hasta su selección de fútbol campeonas del mundo, se han dopado. Destapando la prensa los casos con investigaciones y documentación desclasificada e informes filtrados de los estamentos deportivos. Y sin traumas de ningún tipo.

Schwarz ha dit...

En España se habla de lo ajeno, no de lo nuestro. Que nos "arreglen" otros. Se está mejor con ForoCoches en una mano y la cervecita en otra

Jose Ramón Fuertes ha dit...

Menudo personaje el Cardenal este, que no tiene ni la vergüenza de dimitir ni el que lo puso echarlo.

El problema de fondo es que aquí, como dijo Marcos Abal en "Una insolencia" es que salvo 3 ciudades el resto o es del Barça o es del Madrid y poco les importa a los del Getafe o a los del Almería qué cosa o qué otra le pasa a la LFP o hacen porque les importa muy poco qué le pase al Getafe o al Almería.

Anònim ha dit...

Si fuera crítico (de algo) diría algo así como "nos da una bofetada en cuatro párrafos".

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