17 de des. 2013

Jaime Hernández Perpiñá


Fue una retirada de esas bañadas en silencios, con el atronador vacío de un último articulo plasmado sobre papel a modo de punto final. Jaime Hernández Perpiñá abandonó el oficio en 2006 con la misma discreción con la que entró en él, pero dejando un legado tras de sí tan valioso como poco reconocido. Heredero de orfebres de la palabra fue tejiendo carácter a carácter una historia nacida desde las entrañas del recuerdo, dotando de relato propio al VCF para invitar a las generaciones futuras a descubrir a través de sus ojos el pasado del club. El mayor cronista que ha tenido la entidad del murciélago cruzó la puerta de la redacción de Levante-EMV sin que nadie reparara en su pérdida, sin salir a la carrera para rescatarlo del olvido en el que vive en la actualidad y evitar de algún modo que las nuevas hornadas vivan en la creencia de que la institución no atesora vivencias y épicas más allá de sus últimos diez minutos.

Su vida es una historia de legado, como lo eran todas en tiempos, el pequeño de los Perpiñá llegó a esto arrastrado por su hermano José Manuel, uno de los pioneros en las letras futboleras en un mundo donde la ley del hombre sentenciaba que el balón era cosa de bárbaros, incompatible con cualquier otra inquietud, antagonista de la literatura y el pensamiento. Por eso José Manuel necesitó de un pequeño patrocinio de 'La Pepica' – «En invierno porque apetece, en verano porque es ideal y en todo tiempo porque la paella es un plato universal» – para poder financiar la publicación de su primer libro, “La Liga Sigue”, agenciándose el papel de abridor de caminos, picando la dura roca para recorrer un escenario ignoto en terreno prohibido. De Valencia, gracias a locuras como esa, nacieron muchos de los primeros ejemplares futbolísticos que se publicaron en la España de posguerra; variados y diversos con el apellido Hernández Perpiñá en la solapa. El mismo apellido que osó plasmar en páginas guardadas en tapa dura el primer trabajo que recogía y documentaba la historia del Valencia CF. Porque fue en casa de los Perpiñá donde se compusieron las primeras letras que revisaron el pasado para dejar constancia del legado de la institución, primero por manos de José Manuel con ocasión de las bodas de oro,  y luego por las de Jaime, quien prolongó el relato hasta 1974 y después hacia 1994, punto desde el cual han partido todos los que tras ellos han querido, en un intento burdo, simular su obra. Sin éxito alguno, hay que decir. 

La historia contada por los hermanos Perpiñá no es un maremágnum estadístico, tuvieron la virtud de mezclar el rigor enciclopédico con la más bella de las prosas, haciendo del mismo un relato ameno y divertido de leer, cargado de anécdotas y detalles que han servido en muchas ocasiones para tirar del hilo y llegar a asuntos más profundos. Jaime relata en su 'Historia del Valencia CF' la ardua rivalidad entre Milego Díaz y Gonzalo Medina, rompiendo con el mito de la moneda al aire, relatando las intimidades de los 'valencias' que él conoció y que la estricta pose de la época no permitía airear en la prensa, como los problemas de vestuario y de entrenador, o de ambos a la vez. Gracias a él sabemos del estilo inglés con el que se estructuró el club hasta 1959, de las entradas en la caseta de Colina y Cubells para ordenar sustituciones y sistemas, del poco peso que tenían los entrenadores en un organigrama comandado por un mánager y su mano derecha. De cómo el polémico marcaje de Mangriñan a Di Stefano acabó convirtiéndose en un recurso de obras teatrales y números cómicos, usado por las mozas de aquellos tiempos cuando un pretendiente se les acercaba más de lo moralmente tolerado: “Oiga, ni que fuera usted el Mangriñan ese” gritaban escandalizadas.  

Gracias a él también sabemos de las ingeniosas travesuras de Puchades para escaquearse de cualquier homenaje, o cómo él mismo fue en busca de Tonico a Sueca para arrancarlo de su escondite y evitar que dejara tirada a Valencia entera, ansiosa por agraciarle tras su papel en el mundial de 1950. Jaime Hernández Perpiñá siempre se mostró honesto con el lector, avisaba en las primeras líneas de la amistad que le unía con el personaje a tratar, y a continuación, relataba una serie de defectos comúnmente achacados por la concurrencia a modo de contrapeso. Él mismo en sus artículos y relatos cuenta como el cumplir con su labor de contador de cosas, por no ejercer del amigo que era en ocasiones, le supuso perder muchas amistades y poner en riesgo las que consiguió conservar, y todo ello lo relataba con una naturalidad enternecedora, sin caer nunca en la estridencia ni actuar desde el revanchismo, con un lenguaje cuidado y fresco, hasta divertido en ocasiones. Todavía hoy, 35 años después, leer su relato sobre la muerte de Amadeo – le pilló siendo delegado del equipo en ejercicio – pone los pelos de punta. Fue una de sus grandes virtudes, y lo seguirá siendo siempre, saber plasmar en palabras las emociones más básicas, arrastrándote hasta introducirte en el mundo que relata, sintiéndolo línea a línea y párrafo a párrafo, como si estuvieras allí y los conocieras de toda la vida. Arranca al personaje del frío número presentando a la persona de carne y hueso, al muchacho que lloraba y sentía, que tenía miedos y experimentaba emociones. Susurrándotelo todo al oído. Leer a Perpiñá es lo más cercano que puede estar el ser humano de emprender un viaje en el tiempo.

Paradójicamente quien más hizo por contribuir a la memoria valencianista, y del fútbol valenciano – sus libros no se centran sólo en el club de Mestalla – ha caído en el olvido, hasta diluirse su rastro en una sociedad dada a tratar como apestados a los que más saben y mayor experiencia tienen, aupando a auténticos alcornoques bajo la excusa de abaratar costes. Que el VCF tenga un pasado del que se pueda hablar se lo debemos a estos dos hijos de una misma madre, que con pocos recursos y menos medios ilustraron las vivencias de un club que se ha quedado sin presente, a la espera de que le regalen algún futuro. Y por ello, nadie todavía, les ha regalado ni un gracias. En aquél periódico alguien debió por entonces abalanzarse sobre él antes de que cruzara la puerta para atarlo a una silla al grito de 'usted de aquí no se mueve, ¡ siga escribiendo !' De haber existido ese valiente hoy sería héroe nacional.

3 comentaris:

Anònim ha dit...

Necessària reivindicació. Enhorabona

Desme Mou ha dit...

por librerías de segunda mano lo puedes comprar todavía, eso sí, las de aquí son unos timadores te costará caro. 35 euros o así lo vi hace tiempo por una. Luego te vas a Londres y ves obras maestras y clásicos por 1 libra y media.... en fin.. país de lladres.

Salva García ha dit...

Que recuerdos oir hablar de Hernández Perpiña y ver el libro de 1974. Este libro, en lo alto de la estantería en casa de mis abuelos, como un tesoro. Gracias por estas entradas de historia del VCF.

El trabajo de Jaime Hernández Perpiñá debería ser de lectura obligada para todo jugador, secretario técnico y entrenador que entre al club.

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