10 d’oct. 2014

Una tarde con el SV Muslim


Lo primero que te encuentras al acceder al complejo deportivo Oskar Kessalu, en pleno centro de Hamburgo, es a una legión de jugadores amateurs tumbados en la explanada del párking, vestidos todos ellos con petos, pantalones cortos y las típicas calzas habituales de cualquier entrenamiento; rezan en dirección a La Meca como paso previo a chafar el terreno de juego y empezar a sudar. No muy lejos de allí, en una caseta de aluminio y cristal, como un esquimal bigotudo asomado a la ventana de su iglú, les observa como cada día Antonio Martins, un inmigrante portugués que se gana la vida con la jardinería y que además regenta el garito que acompaña al complejo multiusos. Lo hace tomando un café y echándole un ojo a la prensa del día. «Con esta gente no me haré rico; ni beben, ni fuman... sólo quieren té», bromea. Este luso de 51 años no tiene ningún prejuicio para con sus habituales inquilinos, y lo dice sincero. «Oyes muchas cosas sobre su religión, pero cuando los conoces te das cuenta que son como cualquiera de nosotros».

Mientras el rezo se transforma lentamente en un zumbido constante, como advirtiendo de la llegada de un panal de abejas atraídas por el ligero aroma a té recién hecho que embadurna la atmósfera, el observador contempla divertido una colección de zapatillas orilladas en un lateral, al tiempo que curiosea la serie de pies descalzos que suben y bajan alternándose en ese transcurrir del rito religioso con otros perfectamente ataviados con botas de fútbol. Ante dicha estampa es imposible no recordar aquellas palabras del presidente federal Christian Wulff - «el islam ya forma parte de la cultura alemana» - y que tanta polvareda levantaron. Muchos de los presentes son alemanes de nacimiento, y algunos otros fueron bautizados como cristianos aunque hayan acabado convirtiéndose por decisión propia a la fe del profeta Mahoma. Sí, Wulff tenía razón, el islam ya forma parte de Alemania, y también de su selección de fútbol campeona del mundo.

Mahmut Sariz, un adorable osezno de 29 años que ejerce de entrenador, grita algo - «Tenemos...» - que enseguida es devorado por el sonido de un tren pasando a su vera. El Oskar Kessalu está rodeado en ambos flancos, a un lado serpentea una vía ferroviaria y por el otro cruje una de las principales arterías de la ciudad, portando todo ello una macedonia de estridentes sonidos que invaden sin paliativos el recinto mientras el balón rueda irregular por un terreno de juego de tierra, polvo, y piedras. No se diferenciaría de ningún otro ambiente amateur si no fuera porque los 'pásala' o 'puerta' se convierten en un 'digga' o en algún 'inshallah'. «Somos musulmanes devotos, pero los debates religiosos los dejamos fuera», dice Sariz. Aunque los de fuera, desde que se fundó el Sport Verein Muslim (Club Deportivo Musulmán) en 2008, no han cejado en su empeño de incrustar esos debates en el seno de la asociación.

Sebastian Hamza, presidente del equipo, arrastra sacos de balones y alinea conos balanceándose de un lado para otro debido a su cojera, vieja secuela de una lesión de rodilla que le tiene apartado del fútbol; lo hace mientras el grupo atiende la arenga inicial del entrenador y se calzan para dirigirse al terreno de juego. Cuarenta y cinco minutos después, continuando la charla, dirá con rostro ajado y tono seco que «no queremos que se nos utilice para fomentar miedo o rechazo, ni que una visión superficial transmita una imagen equivocada de nosotros», tras esta especie de advertencia no volverá a decir nada en toda la tarde. El recelo del SVM nace tras protagonizar más de un encontronazo con la prensa local que les llevó a la determinación de elegir en votación colectiva si acceder a las peticiones de los medios de hacerles una visita, 'no todo el mundo es bienvenido aquí' te vienen a decir. Sariz, a modo de justificación, confiesa que los comentarios hirientes que leen en ciertos digitales los intentan llevar con filosofía. 'Hoy el SV Muslim, ¿mañana qué será, el Yihad 09 o el Borussia Salafista?' son los ilustrados exabruptos que salen de las zonas calientes de los tabloides.

Una vez se consigue romper el hielo se hace notar enseguida ese malestar que arrastra el que se siente señalado. Es un pesar que les acompaña desde sus inicios, cuando la federación local de fútbol les concedió una licencia provisional 'mientras emprendían investigaciones' que les facultara para obtener definitivamente el permiso y formar parte de pleno derecho de la liga. Incluso en un pequeño ejercicio de documentación se pueden encontrar referencias que advierten que los servicios de inteligencia les estuvieron vigilando durante un tiempo 'por precaución'. Esa especie de estigma en forma de duda les acompaña todavía ahora, seis años después de su irrupción en la vida social de la ciudad. En un arranque de sinceridad se les cae de forma lastimosa una confesión: «Si pasa cualquier cosa en el mundo en la que esté implicado un musulmán tengo que justificar mi fe, aquí, en Hamburgo, y eso me molesta, hace que me sienta raro. ¿Qué culpa tengo yo?».

Muchos clubes se negaron a votar en favor de su aceptación, algún que otro se niega a jugar contra ellos y no se presenta a los partidos, y algunos más les reciben como si se trataran de talibanes o terroristas. Así, no es de extrañar que en dichas circunstancias el SVM descendiera apenas tres años después de su creación. «Evitamos todos los duelos en el campo para no fomentar polémicas, no hacemos entradas, y si nos pegan no protestamos ni respondemos; por eso no paramos de ganar premios al Fair Play, y por eso descendimos; jugar contra nosotros es muy fácil» dice Sariz con cierto tono de resignación.

En el SV Muslim conviven 19 nacionalidades distintas y se mezclan suníes y chiíes con suma naturalidad, facciones del islam que llevan siglos matándose entre sí comparten camaradería tras un balón. Aunque los muchachos discrepan airosamente ante la etiqueta de club religioso. «Aquí puede venir a jugar quien quiera, judíos, ateos, musulmanes...sólo nos interesa el fútbol, aunque tenemos nuestras reglas». Sebastian, casi apartado, meditabundo en una esquina de la mesa, asiente, aunque no pronuncia palabra alguna. Entre los movimientos de su testa esconde su pasado. Es uno de los casos llamativos del equipo. Alemán tanto de nacimiento como de origen, criado en la fe protestante y en la cultura occidental, decidió en 2003 convertirse al islam y sustituir su germánico apellido de Hollatz por el muy islámico de Hamza.

Zambullirse en el fútbol amateur alemán es toparse con una torre de babel iluminada por un crisol de culturas; hay equipos de tendencia Skin, otros de pronunciado sesgo comunista; muchos fomentan la lucha contra la homofobia e incluso los hay exclusivos para homosexuales. Tampoco faltan los de corte neonazi. Cerca de allí está el Club Castelo, referencia para la comunidad italiana. Incluso los hay que reúnen gentes de lengua aramea y alguno más que integra a las comunidades de origen mesopotámico. Allá a lo lejos, en Berlín, se sostiene sobre su prestigio el Türkiemspor, luciendo orgulloso el reconocimiento a su labor por la integración de la comunidad turca en la sociedad alemana. Pero parece que el país de la cerveza es incapaz de tolerar a un club que se ha desmarcado de la política, del sexo y de la raza para poner la religión sobre la mesa. Y además, de forma pacifica.

Con el sol escondiéndose tras el horizonte una tenue luz artificial irrumpe en escena para iluminar el Oskar Kessalu y dejarnos ver el polvo en suspensión que levantan los bártulos arrastrados que han decorado el entrenamiento de hoy; al tiempo te recuerdan aquella primera semana de vida de la asociación, cuando se presentaron unos cuarenta candidatos de los cuales casi ninguno había jugado nunca al fútbol, perdiéndose durante la práctica en la inmensidad del terreno de juego. «Tuvimos que poner límites para poder venir a las pruebas» confiesan entre risas.

«Con el SV Muslim queríamos ofrecer una alternativa al creyente devoto. Nosotros lo somos, y por lo tanto también somos pudorosos. En el fútbol es común estar rodeado de alcohol y de cuerpos desnudos. Nuestra fe nos hace sentir incómodos ante esas cosas. Así que teníamos dos opciones, o quedarnos en casa de brazos cruzados o hacer algo para poder disfrutar del fútbol y de los amigos sin tener que sentirnos mal. No representamos al islam, solo queremos vivir mejor, sentirnos más cómodos con nuestra propia fe». El SVM supone ya un contramodelo para las entidades intrínsecamente étnicas. «Mi sueño es construir un club colorido, abierto, pero sujeto a nuestras normas morales» dice Sariz. Así que si tiene tentación de jugar con ellos debe saber que no importará su origen o religión; aunque no podrá beber cerveza ni pasearse desnudo por la caseta.

Una vez la oscuridad gobierna sobre nuestras cabezas, y aprovechando que sale vapor de agua por las rendijas de unos vestuarios que solo admiten a chavales en bañador, Antonio Martins baja la persiana de su iglú y se despide hasta mañana, no sin antes menear su bigote por última vez. «Son buenos chicos, se portan bien, pero es una lástima... no falta el día en el que no viene alguien a insultarles o a tirarles piedras». La violencia es una verdad oculta en el politizado fútbol teutón, encrudecida en los niveles más bajos con palizas y enfrentamientos continuados, con equipos, como el Red Star Leipzig, que acaban retirándose cansados de las hostilidades. Con todo ello, en pleno corazón de Hamburgo (la puerta del mundo), sobrevive un equipo de musulmanes que lucha por recuperar la categoría sin atreverse a hacer una entrada para no dar pábulo a polémicas que les verán siempre como los instigadores, endulzándole al visitante un relato que es más duro que aquello que se atreven a contar. Cerca de allí, en la salida, a modo de despedida, se ve una pintada mal borrada que deja leer todavía la palabra "asesinos" escrita en letras rojas. El único crimen de estos chavales es mirar a La Meca y juntarse una vez por semana para disfrutar del balón en buena compañía.

26 de set. 2014

Marchena lo deja entre silencios


Durante los primeros calores del verano se vio al Luisma, al Súper y al Juanje trotar por el césped artificial del Ciudad de Lepe acompañados de un campeón del mundo. Él, que venía de conocer el glamour del fútbol grande, sudaba sobre una zamarra patrocinada por 'supermercados el jamón' con el escudo del San Roque bordado en el pecho mientras hacía tiempo en espera de una llamada que le trajera un último contrato en el mundo del balón. Entretanto se codeaba con aquellos muchachos del grupo IV de segunda B, a 700 kilómetros de distancia, todavía resonaban los ecos de su última gesta: El  gol postrero que devolvía al Deportivo a la gloria de la primera división.

«De momento estoy en la calle, estoy en el paro» así anticipó su adiós. Como todas las demás despedidas de Marchena, aquella, también se produjo en una sala de prensa, alejado del afecto de las gentes y del agradecimiento colectivo. «A estas alturas nadie del club se ha dirigido a mí para renovar», era 5 de junio y el último partido de los coruñeses se disputaría en Girona. Es el patrón que le acompañó durante toda su carrera, la discreción, ya desde el terreno de juego, predominaba sobre los artificios y la exposición que tanto gustan a muchos.

Este confeso anti Play Station, amante de 'Ecos del Rocío' y pintor que traza por relax, con un móvil cuyo tono nunca abandona el estándar que trae de fábrica por mucho que mute el modelo, desvela con gestos los rasgos de su personalidad. Iñaki Saéz le definió en una ocasión, cuando se lo llevó a África en busca de la gloria mundialista, como «una mezcla entre Beckenbauer y Ayala».

No tuvo otro sitio donde establecer su jerarquía en el fútbol que bajo las capas de humedad que encapotaban la final del mundial de Nigeria, solidificando ante los japoneses una amistad con Xavi que, según Marchena, «va más allá de lo futbolístico», y desde la cual participó en esa transformación de la selección que acabó con tabúes y traumas heredados. Allí, entre mosquitos tamaño F5 y gastroenteritis febriles, se gestó aquello de 'el padre Marchena' a sutil manera de describir su actitud para con el grupo y la madera de líder que traza al natural, rasgo, que quedó patente en cada vestuario que chafó.

Así se entiende que no le supusiera ningún esfuerzo, acostumbrado como estaba a capitanear desde pequeño, dar aquel golpe que dio en el tumultuoso 2008 ante un vestuario en llamas, esculpiendo con ayuda de Baraja y de alguno más un rotundo 'ya basta' y virar con ello el rumbo de una nave que amenazaba desgracia. Tal vez la historia sea generosa y cuente no a mucho tardar aquellas reuniones discretas en hoteles y restaurantes entre el central, el 8 y el italiano en el retiro que sirvieron para ir captando para la causa a Villas y Silvas, marcando calendarios y eligiendo bandejas de plata sobre las que entregar cabezas de entrenadores como premio a todos los que se adhirieran al grupo hasta el final. A este tipo, a aquellos tipos, se les debe una permanencia y un título – el último que entró en las vitrinas – conseguidos tras anteponer los intereses del colectivo a las batallas personales de nocivos individuos. Sí, y también deben un escarnio como aquél.

Pero aquello tampoco le sirvió de mucho. Agrio para los medios y dulzón para aquellos que estima fue, como lo fueron otros después, la primera víctima de una caza de brujas emprendida tras el desembarco del nuevo-viejo régimen y a la que nadie lloró. Fue allí, en otra sala de prensa, alejado del calor del público y del afecto de las gradas, donde mostró arrojo para soltar en su adiós una sentencia con tal carga de profundidad que tendrán que pasar décadas hasta alcanzar su fondo: «Espero que mi marcha sirva para poder poner un ladrillo en el Nuevo Mestalla». No es que su final fuera peor que el de otros, la desgracia de este VCF contemporáneo, enfangado en luchas de sangre, es haber arrojado a sus últimos héroes por el retrete previo paso por una diana regada con vísceras.

«Si no llega nada que me satisfaga no descarto la retirada», fueron sus últimas palabras antes de levantarse de Abegondo y emprender rumbo al limbo balompédico. Este recordman de la selección, campeón del mundo y de Europa; dos veces ganador de la liga, campeón de copa, de la UEFA y de la supercopa continental, pasó su último verano entrenando con un equipo de segunda B olvidado ya por el fútbol. Despojándose de egos y de falsos elitismos tampoco tuvo reparos en bajar con anterioridad a la segunda división y cascarse en sus entrañas su último gran año en el universo del balón. Allí, donde el Pontevedra, fue la última vez que se vio al padre Marchena, el que se escondió en las faldas de Aragonés para coser una estrella en el pecho de la selección.

Sus trotes junto al Samu y el Musta no trajeron ninguna llamada definitiva, y fue ahí, en un vestuario del infrafútbol, donde metió sus bártulos en una bolsa y se fue a su casa, a esperar, quizás, a que suene el teléfono a más tardar allá por las cabalgatas de reyes. Quién sabe si ya ha interiorizado que a sus 34 años es momento de dejarlo. Sea como fuere Marchena se irá del fútbol en silencio, como llegó, tal y como triunfó, tal y como se fue de todos los sitios en los que estuvo, sin que nadie pueda darle un aplauso ni un gracias sobre un terreno de juego, el tapete en el que construyó su leyenda.

18 de set. 2014

El ruso de Rus se llama dimitir


“Me engañaron. Era todo mentira”. Alfonso Rus acabó confesando, y lo hizo, como lo hace todo él, como si no hubiera ocurrido nada. Al presidente de la Diputación (y de treinta cosas más) le costó meses reconocer la evidencia, pero acabó haciéndolo; aunque fuera durante los cafés. Por el camino, el pequeño dirigente no dudó en poner todo el poder que emana de su cargo a disposición de su particular batalla, agitando a cuantos grupos de comunicación tenía comiendo de su mano, tan dispuestos ellos desde el principio en aupar a cualquiera que les prometiera conservar su habitual modus vivendi. 

No les hizo falta más verdad que sus ganas. Porque aquí, engañados, no hubo nadie. Dejarse engañar por las rentas futuras que pudieran obtener, se dejaron casi todos. “Si yo hablara, igual la venta no se hacía. Prefiero hacerlo cuando acabe todo”, fue otra de las perlas de un personaje que hizo valer su cercanía con la 'oferta' rusa para alimentar la crispación a golpe de filtraciones, insinuaciones y bufonadas dirigidas a sus cachorros mediáticos; tan prestos siempre a todo ello.

Incluso la maquiavélica figura no dudó en sentar a su lacayo en la Fundación VCF bajo la orden de votar en contra de la propuesta de Peter Lim. ¿Qué hubiera pasado de haber sido su voto el decisivo? De haber enviado al VCF al matadero en aras de una ‘mentira’ y un ‘engaño' ¿cómo hubiera reparado el daño causado, tras demostrarse la evidencia?

Todavía hay muchos que siguen aferrados a falsas ilusiones, a Jeques imaginarios, a rusos estrafalarios y a americanos inventados; incapaces de digerir un ridículo que lejos de ablandarlos les ha ido gestando en lo más profundo de sus entrañas un pronunciado rencor que ya no alcanzan a calmar. Tocará soportarlos mientras les permitan hablar. Porque en todo esto, si ha quedado alguna cosa clara, es que hay quien ha perdido toda legitimidad para emitir cualquier crítica. 

La actitud de Rus puede ser incluso comprensible dentro del contexto que llevó al club a tal deriva. Acostumbrado como ha estado a ver a la institución convertida en un juguete en manos del partido político en el poder; desprotegida y a merced de sus caprichos. Tal vez, haya que estar agradecidos a la profunda división interna existente en el gobierno valenciano, porque quizás haya sido ésta la que haya evitado que hoy tengamos que soportar al presidente del Olímpic ocupando el trono de Mestalla. En aquellos tiempos, donde personajes como el Alcalde de Xàtiva eran los hombres fuertes del campismo, el resultado podría haber sido muy distinto, y muy nefasto.

Las responsabilidades del sujeto son muchas. Ha utilizado su cargo para tratar de influir en una decisión que afectaba a la viabilidad de una entidad privada, por ello fueron a buscarlo. Ha utilizado todas las herramientas que le otorga el puesto político que ocupa para privilegiar y construirle una posición a un supuesto inversor que previamente le había prometido presidencias y ocupaciones dentro del proyecto. Y se ha inmiscuido con declaraciones públicas en el proceso para tratar de virarlo hacia sus intereses. Además, un funcionario con sus atribuciones y responsabilidades ha confesado haber sido engañado por un empresario bajo promesas falsas, quedando en entredicho su credibilidad a la hora de manejar/ocupar dinero/cargo público alguno.

Tampoco deberían de huir de sus responsabilidades aquellos que aceptaron a tales concursantes. El tiempo no sólo ha demostrado que apenas un par de ofertas ofrecían seriedad y fondos suficientes, sino que el proceso de selección y aceptación de las mismas fue ridículo y fallido. ¿En base a qué se le dio luz verde a un proyecto que jamás demostró solvencia económica? ¿Por qué Zolotaya sí y Alvarado no cuando ambos desprenden similitudes en las formas? No hay que olvidar que esta clase de participantes pudieron acceder a información delicada de la SAD a través de la data room que se puso a disposición de los 'inversores', pasando previamente un corte vigilado por dos consultoras y una comisión gestora.

"Aquí el asunto es enseñar el chocolate, y Lim de momento no ha enseñado nada" fue otra de las bravuconadas del político aspirante a presidente del VCF que recientemente confesó que "los rusos no traían dinero". Debería, la próxima vez que coincida con ellos, decirles que le presenten a su amigo dimitir. Seguro que congenian muy bien... Ni siquiera pronuncia una triste disculpa.

12 de set. 2014

El año perdido de la venta


Se podría decir que el primer año de Salvo ha sido un curso perdido para la economía del club; y también para los intereses deportivos de la entidad. Doce meses de mandato marcados por los problemas accionariales y las tensiones con Bankia que han hecho que las pocas o muchas operaciones de calado que se podrían haber cerrado quedaran en el limbo en espera de poder solucionar el tema de la propiedad. Empezó el otoño con el dirigente hablando de una legión de multinacionales interesadas en el club; de varios contactos con operadores, visita mediante, dispuestos a estudiar el asunto del nuevo estadio; y alguna que otra cosa más, que como todas, de existir, se volatilizaron en cuanto empezaron a sonar trompetas de guerra desde lo alto de las torres Kio.

En ese ínterin una de las marcas con las que el VCF había contactado, AEG, se comprometió con la Roma para diseñar su futuro estadio en una operación que rondará los 300 millones de euros, y por la cual, la empresa estadounidense se quedará parte de la explotación comercial del recinto romanista. En las últimas horas, también se apuntó desde sectores cercanos al mandamás que Turkish Airlines, opción, aparentemente descartada, estaba dispuesta a estampar su logo en las camisetas a cambio de una cifra que superaba en mucho el histórico que ha recibido el club a lo largo de su vida; un techo fijado por Toyota y sus 4,5 millones anuales. De hecho, en todos estos meses, el único acuerdo de relevancia que se ha cerrado ha sido el de adidas; y se alcanzó durante el verano americano, mucho antes de que empezaran las turbulencias con el aval de la Fundación y las polémicas posteriores.

Ahora parece que la entidad del murciélago, una vez llegado el nuevo dueño, pretende renunciar a uno de sus principales ingresos, prefiriendo dejar la camiseta en blanco o en manos de una institución benéfica antes que comprometerse con cualquier marca. Entrando ya en el terreo de las muchas contradicciones que minan el ambiente, durante las guerras por la propiedad se insistió en más de una ocasión que sería Peter Lim el que portara un patrocinador acorde al nivel del proyecto establecido. “Entre 6 y 8 millones” llegó a declarar Salvo. Sin embargo se argumenta ahora que sería mejor no obligarse con nadie firmando un contrato a largo plazo en aras de esperar a un momento más adecuado y obtener con ello una mejor tajada. Resulta difícil creer que la institución esté en disposición de renunciar a algo así, al menos llevarlo mucho más allá del presente curso, cuando ha visto que sus ingresos comerciales se han desplomado alcanzando mínimos históricos, y cuando las obligaciones del Financial Fair Play de la UEFA y del control financiero de la LFP condicionan el gasto en fichas al aumento de ingresos en esta clase de partidas. Sin olvidar que la entidad va a tener que seguir haciendo frente a una deuda que requerirá durante dos décadas el pago de unos 15-20 millones de euros anuales.

El empobrecimiento comercial

Sólo buceando en los números del VCF se puede percibir con toda la crudeza el cómo el equipo de Mestalla se ha ido haciendo pequeño con el paso de los años. Resultando sonrojante cualquier comparación con temporadas anteriores al crack del 2008. En la gráfica (ver más abajo) se puede observar como en el período anterior a la crisis la institución ingresaba cerca de 9 millones de euros anuales sólo por sus cuatro principales patrocinadores – cantidades fijas por temporada – habiéndose reducido actualmente a unos ridículos 2,5 millones, además de padecer una pérdida significativa de patrocinios remunerados. Aún teniendo en cuenta que los extras del acuerdo con la marca de las tres rayas están sujetos a picos de euforia – si el VCF va bien ganará dinero, si no, lo perderá – de conseguirlos todos ellos se estaría muy lejos todavía de alcanzar los 7,3 millones de ingresos del último período marcado. Todo penalizado por la falta de un patrocinador principal. Aunque el contrato con la marca alemana es de aplaudir sobre todo por dos razones: Valentía y ambición. Es extraño en la industria que un club se atreva a firmar un contrato tan variable con beneficios sujetos a la consecución de tantos hitos, hecho que demuestra la existencia de una apuesta decidida para mejorar a todos los niveles.


Esta tara comercial no es algo nuevo, incluso en sus mejores momentos el club valenciano ya era de entre los 20 participantes de la Football Money League de Deloitte el que menos ingresos generaba por estos conceptos. Siguiendo en la comparación de la serie histórica se puede observar como la totalidad de los ingresos comerciales de la entidad han pasado de los 22 millones en 2008 a los 16 millones en 2012. Por lo que es muy posible que veamos aún más reducida dicha cantidad cuando el club presente los números de 2013 en la próxima junta de accionistas.

El VCF es internacional

En las últimas temporadas la institución valenciana ha ido desapareciendo del top-20 de todos los ránkings o mediciones que se hacen en Europa para calibrar la grandeza o solidez societaria de los clubes. Ha pasado de ser un fijo en las listas de Forbes, Deloitte o de Brand Finance a quedar fuera del top-30 en todas ellas. Aunque todavía resiste en algo. La consultora alemana Advant Planning ha elaborado un estudio para medir el nivel de internacionalización de los clubes europeos; estudio que recoge la edición teutona del Wall Street Journal y en el cual se puede ver que el club presidido por Amadeo Salvo está situado en el nº23 de entidades internacionalizadas, con un empate a 28 puntos junto a Wolfsburgo y Schalke 04, aunque los conjuntos de la Bundesliga superan al valenciano por algunas décimas.

La consultora mide el grado de internacionalización de las entidades teniendo en cuenta varios puntos básicos: Acciones de marketing internacional, esto es acuerdos comerciales en el mercado extranjero; patrocinadores principales con presencia global; presencia en Champions o competición europea y una cobertura mediática de forma generalizada. Acompañándolo todo con unos extras medidos entre la cantidad de likes mundiales en facebook, la cantidad de idiomas utilizados de forma habitual en las comunicaciones oficiales de los clubes, la presencia en giras o amistosos realizados a lo ancho y largo del mundo y el número de jugadores mediáticos en nómina.

Del estudio llaman la atención tres cosas: Que el Bayern sea el único club alemán entre los 20 primeros; que el Málaga sea el mejor equipo de la LFP tras Madrid y Barça (segundo y tercero) y una reflexión que hace uno de los responsables de la consultora: “Tradición y éxitos pasados cuentan muy poco a la hora de la comercialización internacional, tener una historia rica facilita el acceso al mercado, pero tienes que saber utilizar las herramientas adecuadas”.

Con un año de retraso gracias a un interminable proceso de venta el VCF deberá a empezar a recorrer su nuevo camino; tal vez, más llano y recto de lo que se presumía hace 12 meses, antes de que todo empezara a estancarse por entrar en una farragosa guerra accionarial, y lo deberá hacer con el nuevo Mestalla y Europa como principales motores de una nueva era.

29 d’ag. 2014

Un VCF más joven y barato


Desde enero, el VCF ha realizado veintiséis operaciones de mercado — sin contar cesiones — hasta renovar por completo una plantilla en la que apenas sobreviven nueve integrantes respecto a la que estrenó el curso 13/14. Pero en todo ese ajetreo, entre tanta cifra y cara nueva, se esconde una constante: Componentes más jóvenes, fichas más baratas, y a priori, jugadores con más calidad. 

Fue ya en el pasado mercado invernal cuando se pusieron las bases a esa tendencia, por entonces la presencia de Vezo (19) se sumó a la de Alcácer (19) en la lista de futbolistas por debajo de los 20 años; por contra, el aterrizaje de Vinicius aumentó a tres la de integrantes que no superaban dicha edad — Fede, Bernat —. Todos ellos, junto a los Romeu (21), Feghouli (23) y Vargas (23) sumaban un total de 8 componentes que no sobrepasaban los 23 años, rebajando considerablemente la media de edad del equipo. Pero durante el presente mercado esos perfiles han sufrido ligeros retoques, Gayà es ahora el único de sus compañeros que todavía no llega a la veintena, por contra, se disparó el número de jugadores que no sobrepasan esa franja de edad hasta alcanzar los cinco integrantes. Un hecho histórico, puesto que en la última década nunca existieron más de 2 futbolistas en plantilla que no sobrepasaran las dos decenas.

En resumen, 17 de los 21 jugadores que entrena Nuno no son mayores de 25 años. Y de esos 17, 5 no tienen más de 20 años.

En términos generales no es inusual encontrar cantidades tan altas de gente que no supera el cuarto de siglo de existencia, puesto que en el periodo acotado dicha cantidad ha ido fluctuando desde los 14 (2003/04) hasta los 12 (11/12 y 12/13), siendo los 10 de la 2010/11 la cantidad más baja de no mayores de 25 años. Pero sí es inusual la presencia de tanto futbolista menor de 23 años. En el equipo del doblete sólo habían 4 jugadores (8 en la actualidad), una cifra que se repite en todas las temporadas sucesivas hasta llegar a la 2011/12, en la cual, los Alba, Víctor Ruiz, Piatti, Canales, Parejo y Feghouli sumaron sólo dos menos que en el presente curso, rompiendo así la tendencia establecida.

Tras la operación de urgencia realizada hace siete meses, los calores han dejado paso a un delicado baile en el que destaca la rebaja del coste salarial de la plantilla al tiempo que se iguala o mejoran las posiciones reforzadas. Guaita, una de las fichas más altas del roster, deja paso a un Yoel que apenas mejora su ficha en el Celta. Quizá los casos más llamativos sean los de Mathieu por Mustafi, una transición de 1,6 millones de ficha anual a otra que apenas alcanza los 800 mil euros; y la de Cissokho por Orban, rebajando el sustento en más de la mitad. Las salidas durante el presente mercado han ido encaminadas a liberarse de las fichas más altas, siendo las de Banega, Rami, y Ricardo Costa las más significativas en cuanto a cantidades percibidas. Algo que casa con el considerable descenso en el coste de plantilla que ha sufrido el club desde la 08/09; cuando la masa salarial se situaba en 66 millones, con una amortización de plantilla de 33 millones; hasta los 53 millones, con amortización de plantilla de 26 millones, de la 12/13. Para conocer los datos de la 13/14 habrá que esperar a la junta de accionistas antes de final de año, y para conocer los de la 14/15 todavía un año más de espera. Pero hasta la fecha el fichaje más caro sufragado por la entidad es el de Mustafi, por 8 millones, seguido de De Paul por 4,8. Todos con salarios muy reducidos para los estándares de un club como el VCF.

Cifras tal vez algo irreales teniendo en cuenta la presencia de Meriton, y los posibles fichajes por llegar, ya que los traspasos que ha pagado la sociedad de Lim no son achacables a las finanzas del club, aunque éste haga uso y disfrute de ellos y esté bajo la propiedad de la misma. 

¿Hay más presencia de canteranos? 

No tanta como en otras épocas pero sí más que en otros años. Por ejemplo, en este curso 14/15 habrá más presencia (5) de jugadores salidos de Paterna de la que hubo (3) en la 12/13, pero habrá casi la mitad de la que existía (9) en 2003/04. Siendo ésa la temporada de los últimos diez años con más presencia de jugadores formados en casa; aunque muchos tuvieran un papel más bien discreto en el devenir del año. 2005 y 2009 con 8 cada una junto a 2007 y 2010 con 7 son las otras temporadas con más jugadores caseros con ficha del primer equipo. En el resto de temporadas las cifras son similares, fluctuando entre los 6 y los 5, salvo en la ya citada 12/13 – mínimo histórico –.

En cuanto a jugadores seleccionables tampoco se ha mejorado; de los 18 existentes en 2010 se ha llegado a los 10 del presente año. En el periodo acotado este número ha ido bailando de los 14 a los 18 hasta toparnos con la 12/13, donde se alcanzó la pírrica cifra de 9 jugadores – otro mínimo histórico – susceptibles de ser llamados con la selección. 

Lo que sí se ha mejorado este verano es el ratio de jugadores seleccionables/canteranos. De los 10 futbolistas con posibilidades de ir a la selección que forman la actual plantilla cinco son jugadores salidos de Paterna. La cifra más alta desde 2011. Aunque todavía muy lejos de los 16/9 de 2004 o de los 18/8 de la 08/09. Es muy curioso observar como todas estas cifras son altas, incluso muy altas, hasta llegar al periodo de crisis (2008/2009) para, a partir de ahí, empezar a reducirse drásticamente tanto el número de jugadores seleccionables como de canteranos alcanzando mínimos nunca antes vistos. 

A pesar de superar en sólo un dígito (de 4 a 5) la cantidad de valencianos en plantilla, también se ha mejorado en ese aspecto respecto a cursos anteriores. Y todo teniendo en cuenta las salidas de Guaita, Michel y Bernat. Dicho apartado también sufrió una considerable pérdida en los últimos diez años, acentuándose desde el periodo de crisis. De los 8 valencianos en plantilla de 2004 se han pasado a los 5 actuales, llegando a situarse en los últimos tiempos en 4 componentes. En cuanto a la relación canteranos-valencianos en nómina nos situamos en la actualidad en 5/5, mucho mejor que la  3/4 de hace un par de años pero muy lejos de la 9/8 y de la 8/6 de 2004 y 2005. (*)

El tiempo dirá si esta conjugación de equipo más barato, más joven y con más chicos de la casa de los últimos tiempos resulta mejor que lo visto hasta ahora; la juventud puede ser un arma de doble filo con la que se tenga que enfrentar Nuno durante los avatares de la temporada. Pocas horas de mercado quedan para poder darle cierto poso a un grupo bisoño.

* No todos los canteranos son valencianos, como Silva; ni todos los valencianos son canteranos, como Soldado

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