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10 d’abr. 2014

De la ruina no se sale

Como todas las historias, las ruinas empiezan en tiempos de alegría, dibujando futuros prometedores y ambiciones locas. Peter Ridsdale manejaba el Leeds Utd con cierta pericia hasta que creyó insuficiente vivir permanentemente en el Top-4; necesitaba devolverle la gloria a un club situado en el mayor centro financiero del Reino Unido tras la city londinense, siendo equipo de una urbe mayor que Liverpool o Manchester (ninguna llega al medio millón de habitantes) con su área metropolitana aglomerando a cinco millones de personas; y para ello necesitaba dinero, una suma importante para poder desbancar al potente Man.Utd de su dorado trono. El plan de un dueño extravagante, que asentaba a los jugadores en hoteles de lujo y les ponía coches de gama alta y casas en las zonas más exclusivas, era hipotecar ingresos futuros a cambio de suculentos créditos bancarios que ayudaran a la entidad en su objetivo de tocar metal. El Leeds comprometió sus contratos de TV, sus ingresos de Champions y patrocinios hasta sumar deudas bancarias por valor de 200 millones de euros.

El horizonte solo se vislumbraba con optimismo. Pero el castillo de naipes, sustentando únicamente por los ingresos provenientes de la competición europea y los bonus televisivos asociados a la misma, se derrumbó al primer movimiento de aire. Dos temporadas consecutivas sin lucir el balón de las estrellas en la manga de las camisetas lastraron la economía e iniciaron un eterno camino por la perdición. El primer síntoma de que algo iba mal en Elland Road fue el traspaso de Rio Ferdinand al United por 30 millones de euros. Una suma lo bastante alta como para seguir ocultando los problemas tras una oferta irrechazable por un jugador convenientemente enfundado en el traje de 'traidor'. Una cortina de humo que apenas duró en el ambiente un par de meses. El Leeds había entrado en la inconfundible espiral que se asocia a la miseria. Durante años tuvo que sobrevivir a base de vender jugadores – Woodgate, Alan Smith, Keane...etc – y reducir costes de plantilla dejando un rastro de cadáveres en el banquillo fruto de los malos resultados. Aquel equipo acostumbrado a los cuatro primeros puestos había evolucionado hacía un club de media tabla. 2004 fue el año del crack, la temporada en la que la situación ya era insostenible. Ridsdale intentó vender la entidad a varios fondos americanos para solventar la situación, topándose con el orgullo de Yorkshire; aficionados y empresarios se negaron a dejar la mayor institución del norte en manos de extranjeros. Gerald Krasner comandó por entonces un consorcio de burgueses que se hicieron con el control del Leeds bajo el auspicio de los acreedores. Su misión: Pilotar la venta de activos para satisfacer las deudas contraídas.

Aquel 2-3 en Highbury que dejó al Arsenal sin liga y al Leeds en primera dio paso poco después a los Invencibles y al descenso del equipo de Elland Road a segunda, al tiempo que Ken Bates le vendía el Chelsea por 140 millones de libras a Roman Abramovic. La frontera entre dos siglos, dos épocas y dos maneras de entender el fútbol, se escribieron en aquellos meses sobre el ataúd de una entidad con el peso histórico y la tradición del conjunto de Yorkshire. La política de cesiones y jugadores jóvenes que impuso el nefasto Krasner resultó fatal para los objetivos deportivos de la entidad. La etapa en el Championship comportaría tormentas más violentas sobre los designios de la institución. Un nuevo giro en la cúpula, seguido del desmantelamiento del primer equipo a base de cartas de libertad a cambio de que los futbolistas perdonaran deudas, marcarían aquel verano. Fue entonces cuando surgió 'la brillante' idea de acabar con los números rojos deshaciéndose de todo. Los nuevos dirigentes, confiando en su masa social y en el potencial de una entidad como aquella, pusieron en venta la ciudad deportiva y el estadio; dinero por propiedad; propiedad por arrendamiento. Las penurias prometían finalizar con una operación inmobiliaria que dejó 5 millones por Thorp Arch – centro de entrenamiento – 15 millones por los terrenos adyacentes al estadio y 25 más por el propio recinto. El resto del capital lo aportarían inversores con una pequeña ampliación de capital en la que incurriría el propio Bates – quien dejó al Chelsea en la ruina –  haciéndose con una modesta participación.

Medidas de choque que permitirían recuperar Elland Road en el futuro a cambio de una suculenta, pero accesible, suma a pagar antes de 10 años. Lejos de haber servido todo aquello para algo acabó hundiendo todavía más a la institución. En 2007 el club entró en administración – aquí conocido como concurso de acreedores – sufriendo una sanción de 10 puntos que le condenaron a perder la categoría y verse atrapado durante años en la League One. El nivel más bajo jamás alcanzado por el club. Los nuevos tiempos también trajeron nuevos problemas. El fisco británico denunció al Leeds por una deuda de 7,7 millones de libras en impuestos impagados, lo que junto a iniciar la competición en concurso, comportó que la entidad iniciara el campeonato sancionado con -15 puntos; que no fueron impedimento alguno para alcanzar la clasificación para el play-off de ascenso, en el cual sería derrotado. Solo fue el primer año de los muchos en los que el club quedaría atrapado en el tercer nivel sin capacidad para conseguir competir por volver a lo más alto; hasta que en su último año consiguió el título de la competición con números de récord.

¿Por fin acabaron las pesadillas para el Leeds? Un mero espejismo. La vuelta a la categoría de plata contribuyó a mejorar los números de la entidad; esta vez parecía que el plan sí funcionaba. Era tiempo de tiburones. Ken Bates, tras mucho tramar en la sombra, aprovecharía el momento para hacerse con el 72% del club en 2010; prometiendo inversión y capacidad para volver a la Premier; y durante su primer año y medio dio la impresión de que estaba cumpliendo con su palabra. Pero el especial tino de la entidad para encontrar problemas acabaron lastrando la breve primavera que azotó Elland Road. En 2012 el estancamiento del club en la zona media hicieron resucitar viejos problemas y tras medio año de tensas negociaciones, Bates y los accionistas, vendieron el 100% del club a Gulf Finance House – una entidad bancaria situada en Bahrain –. Bajo el reinado de Bates los ingresos por taquilla se habían reducido hasta los dos millones, con una caída del volumen de negocio de 32 a 28 millones, encadenando pérdidas de 12 millones por temporada y con un gasto salarial en plantilla de 18 millones de euros. Fichas de ascenso en un equipo incapaz de situarse más allá del 6º puesto. GFH entró en el Leeds, como lo hicieron otros tantos antes que ellos, prometiendo la vuelta a primera división en dos años gracias a una potente inversión que nunca llegó debido a los desequilibrios financieros que encontraron.

Los nuevos propietarios aportaron estabilidad y seguridad, asentaron el club y empezaron a construir las bases para recuperar la titularidad de estadio y ciudad deportiva; y eso, fue suficiente para iniciar luchas por el poder. La mera sospecha de que en el Leeds florecieran brotes verdes llevó a su director general, en alianza con Insurance Group – el principal patrocinador del club – a lanzar una opa a GFH sobre el 75% de las acciones. Era el momento de recuperar la entidad tras años de penurias en las que había bordeado la liquidación. La operación no cuajó porque el consorcio que lanzó la opción de compra perdió por el camino a los socios capitalistas que la habían impulsado; mientras eso ocurría a GFH había llegado otro potencial interesado. El italiano Massimo Cellino, expropietario del Cagliari y buscado por la justicia italiana por evasión fiscal – evitó pagar las tasas aduaneras en la compra de varios yates – , era el hombre que el pasado mes de enero se quedó con la OPA lanzada desde las propias entrañas del Leeds. El historial de Cellino hizo que la FA bloqueara la adquisición y haya dejado al club en el limbo, con retrasos a la hora de pagar las fichas a los jugadores y con escenas esperpénticas; como el anuncio del italiano del cese del entrenador minutos después de hacerse con las acciones, y su posterior readmisión minutos después de bloquearse la compra. Desde enero el Leeds no ha hecho más que perder partidos y dilapidar sus opciones de entrar en el Play-off. Tras dos meses de deliberaciones y silencios, el pasado fin de semana el abogado de Cellino anunciaba vía Twitter que la FA había dado luz verde a la entrada del italiano. Aún no hay confirmación oficial de que sea así.

Mientras esta llega, el club sigue en caída libre, con riesgos de impagos y un vacío de poder considerable. Justo cuando el Leeds parecía haber encontrado el camino de la recuperación ha sido capaz de autodrestruirse desde dentro una vez más para continuar atrapado en la ruina, la misma que empezó cuando la entidad estaba situada en lo más alto del fútbol británico y todo le parecía poco. El club arrastra ya diez años de hecatombe que nadie parece atreverse a poner fin. Ahora Cellino; ahora uno más.

1 d’abr. 2014

Desde Postdam con amor, y punks


El punto de encuentro era Babelsberg  - conocido barrio de Postdam - durante una fría noche de viernes. The Clash sonaba a todo volumen por los altavoces, mientras los fans vendían en puestos ambulantes camisetas de producción propia. Un vecino ofrecía dulces de licor de su tienda a todo aquel que entrara al recinto. También hubo fuegos artificiales y barriles llenos de cerveza. Estamos en la segunda reunión de fútbol alternativo que se celebra sobre el césped artificial del estadio Karl Liebknecht, de la 3.Liga, mientras se juega un amistoso que enfrenta a los punks y proscritos aficionados del Babelsberg  - conocido como el St Pauli de Oriente - contra sus invitados del Partizan Minsk. Un modesto club de Bielorrusia, un país que no suele conectar con las ideas libertarias que brillan por el opulento occidente.

El Partizan Minsk está liderado por sus aficionados desde 2012, ejerciendo el autogobierno en una institución abandonada a su suerte y famosa en la escena por su agresiva lucha anti-fascista. 'Otro fútbol es posible' es el lema de la entidad - el escudo refleja una pelota rompiendo una esvástica -.

Los fans del Babelsberg, St.Pauli, Estrella Roja de Leipzig, Tennis Borussia Berlín y Viktoria Hamburg han invitado a los partisanos a realizar una pequeña gira de cinco partidos amistosos por Alemania. Entre plantilla, dirigentes y aficionados, la expedición cuenta con poco más de 30 miembros. "El viaje fue estupendo, pero también agotador", dice Katsiaryna, de 23 años, "Para nosotros, esta red de clubes alternativos en Europa es muy importante". Katsiaryna es aficionada del Partizan bielorruso y en este viaje ejerce de interprete de Fansprechers Oleg, representante oficial del club durante el tour, que se niega a revelar su verdadero nombre. Y tiene buenas razones para ello. 

Son jóvenes rebeldes y virados a la izquierda. Un grupo de muchachos que no están bien vistos en un país sin elecciones libres y con un gobierno dictatorial comandado por Alexander Lukashenko, donde destaca la pena de muerte y se persigue a los homosexuales. Oleg argumenta su hermetismo hablando de la persecución a la que somete el estado a los críticos con el régimen, solidificando sus reticencias a la hora de hablar públicamente para evitar quedar expuestos.

"Se muestran muy inseguros, el temor a la represión de las autoridades estatales está muy presente cuando se trata de hablar de la política del país", dice Sascha Leiker, el portavoz alemán del evento. "Creemos que el Gobierno de Bielorrusia los está siguiendo en esta gira". Una simple declaración pronunciada desenfadadamente en un entorno amistoso podría quedar reflejada en un informe de inteligencia que les llevaría a la cárcel. Los agentes del régimen están instalados en todas las asociaciones. Como ocurriera en tiempos de la RDA, hay muchas opciones de que en el propio vestuario existan informadores obligados a dar parte tras recibir amenazas y extorsiones. 

Ser de la resistencia también comporta riesgos en el fútbol; "A menudo somos atacados por los aficionados del equipo rival. Intentamos luchar con todos nuestros medios, pero siempre nos ganan en número y agresividad, peleamos contra hooligans y ultras de tendencia nazi, pero no siempre, lo peor es enfrentarse a aficionados normales, simples ciudadanos partidarios del gobierno" se atreve a decir Katsiaryna en un renuncio.

Tras su fundación en 2002 el club jugó bajo la denominación del MTZ Ripa Minsk, contando con dos rápidos ascensos hasta situarse en primera división. Consiguiendo incluso ganar el título en dos ocasiones. En el este de Europa, donde muchos clubes se decantan por tendencias derechistas, incluso apoyando abiertamente a partidos y candidatos, el actual Partizan se declaró desde un principio abiertamente en contra de la prácticas más conservadoras: "Nuestra intención siempre fue abrir el club a la gente más humilde, hacerlo atractivo para un público más progresista, sin afiliación de ningún tipo con el gobierno" sigue contando Katsiaryna.

En 2010, un inesperado descenso hizo entrar a la entidad en la insolvencia provocando la renuncia de la junta directiva. Los hinchas iniciaron el asalto de la entidad a principios de 2012 hasta refundarlo bajo el nombre de Partizan Minsk. Se asumió el mando colectivo de la entidad y las decisiones ya no las toma una junta directiva, sino una asamblea. Para evitar la quiebra, pusieron a la venta acciones de amistad entre toda su militancia, incluso aficionados de clubes como el St.Pauli y Babelsberg ayudaron a superar el trance con donaciones y compras de títulos. Partían de cero enrolados en la liga local. En la actualidad están muy lejos de poder aspirar a los jugadores y los sueldos de antaño, aunque sus estructuras están mucho más profesionalizadas. La próxima temporada volverán a competir en categoría profesional tras ganarse la licencia en el campo. Un logro considerable teniendo en cuenta las dificultades de la autogestión y la vida cotidiana del fútbol bielorruso, demasiado dependiente del capricho de las autoridades.

Pero Oleg y Katsiaryna se muestran orgullosos del trabajo realizado, y no es para menos. "También tenemos nuestra propia PUNK-LIGA en Bielorrusia", explican, "desde el año 2007, existe una liga alternativa, con un nivel alto de juego". Hay que imaginarla como un campeonato colorista, alejado del deporte más riguroso, un espacio para la libertad que da cobijo a los sentimientos más románticos del fútbol en la que participan cerca de 40 equipos de todo el país. En enero de 2014 se disputará en Minsk el primer torneo internacional de esta índole, una tradición que lleva 15 años arraigada en Alemania.

"También tenemos un equipo compitiendo en la liga femenina", dice Katsiaryna, "es importante para nosotros acabar con el sexismo". Mientras que los equipos alemanes que participan en el torneo tienen muy marcada en su agenda la lucha contra la homofobia, entre los aficionados del Partizan Minsk se aborda el tema con menos agresividad: "Nosotros no podemos mostrarnos abiertamente en la lucha contra la homofobia, vivimos en un país homofóbico donde se persigue casa por casa a los gays y lesbianas, pero si tenemos mucho cuidado de que en nuestras filas no hayan comentarios ni actitudes homofóbicas", relata la joven Katsiaryna.

Hay muchas cosas que se pueden aprender en una fría noche en Postdam. En el plano superficial, el Babelsberg ganó 8-0 al Partizan, un modelo de club que representa una cultura y una actitud valiente y decidida en un país donde se suprimen hasta las protestas silenciosas. También simboliza una forma poco ordinaria de entender el negocio del fútbol. Virar la gestión de las entidades hacía aspectos sociales podría ser una alternativa para los grandes europeos. Tal vez habría que pagar el precio de jugar en ligas poco o nada competitivas. Un precio que cada vez más aficionados están dispuestos a sufragar.

19 de febr. 2014

El Dynamo también lucha en la calle

Luce como una bola negra cubierta de hielo a la que le crecen estalactitas hasta alcanzar la forma de un puercoespín gigantesco. La estatua de Lobanovsky, a escasos metros del viejo estadio del Dynamo Kiev, ha sufrido los rigores de la revuelta ucraniana como si fuera un manifestante más. No demasiado lejos de allí, esa especie de complejo con columnas romanas que dan acceso al viejo recinto, bautizado con el nombre del orondo técnico, también ha sido pintado por ese barro negruzco en el que se ha convertido la nieve al mezclarse con las cenizas, el polvo, la gasolina y la sangre que todo lo envuelve. A sus puertas tuvo lugar una de las 'batallas' más espectaculares que han visto las calles de la capital ucraniana desde que la oposición y la ciudadanía las tomaran exigiendo la dimisión del presidente. Al este del país, en el corazón de la región de mayoría rusófona, los Ultras del Shakhtar llamaron a los suyos a luchar contra el gobierno de Yanukóvich; natural de Donetsk, aficionado al club minero y sustentado económicamente por Akhmetov, el hombre más rico de la nación y propietario del campeón ucraniano. Son de los pocos aficionados que se han posicionado abiertamente a favor de la oposición. Y de rebote, han desafiado también a su propio dirigente futbolístico. El resto de grupos Ultras han salido a la calle con el propósito de proteger a los ciudadanos de los ataques de los Titushky; una milicia política afín al partido en el poder y compuesta por matones y cachorrillos de las corruptas oligarquias del país.

«No luchamos en favor de la oposición, ni en contra del gobierno, ni contra Rusia ni a favor de Europa, luchamos por nuestra ciudad, por sus gentes, contra esos traidores de los Titushky que por 100 euros han vendido a su patria, a sus ciudadanos y a su propio honor» rezaba el comunicado que los White Boys - los Ultras del Dynamo - colgaron en su página de Vkontak - el facebook ruso- el pasado 21 de enero. La fecha elegida para su publicación no fue por casualidad, ese mismo día el parlamento ucraniano aprobaba las leyes que coartan la libertad de expresión y de manifestación, el recurso postrero de un gobierno derrotado que busca desesperadamente frenar las revueltas. A cambio, Euromaidan - el nombre que recibe el movimiento opositor tomado de la Plaza Maidan, núcleo de las manifestaciones - les agradece su ayuda vendiéndoles como héroes: «Siempre creímos que eran animales, criminales, pero han demostrado ser personas de valor, ucranianos de verdad» soltó algún enfervorecido líder revolucionario. Su salida a las calles ha ayudado a cambiar la imagen que tenía la sociedad ucraniana de los Ultras del fútbol. Los problemas de violencia, racismo y delincuencia que han copado los titulares de prensa en los últimos tiempos han dejado paso a unos nuevos referentes populares. Los Ultras ucranianos ya se mostraron contrarios a la Eurocopa de 2012. Jamás acudieron a ningún encuentro. La temida violencia en las gradas que vendió la BBC en un documental fue puro alarmismo injustificado. A ellos, no les interesaba lo más mínimo un espectáculo montado para enriquecer, aún más, a las élites económicas.

El sociólogo David McArdle, especialista en el fútbol del este, apunta a las verdaderas motivaciones de los Ultras en esta defensa ciudadana: «Más que un papel político y conciliador lo que están haciendo es luchar por defender su trozo de pastel. Los Titushky son hooligans políticos al servicio de las mafias y las oligarquías locales que amenazan con desplazar a los Ultras del fútbol de su espacio tradicional. Además, aprovechan para vengarse del estado, de la policía y de los cuerpos de seguridad con los que llevan años enfrentados y con varias cuentas pendientes». Los Titushky son el salvoconducto desesperado de un ejecutivo acorralado, ya que éstos pueden ir más allá de lo que les está permitido a las fuerzas del orden. Atacan a los manifestantes con cuchillos, con cadenas y piedras, utilizan la violencia extrema hasta el punto de practicar el secuestro y la tortura de caudillos revolucionarios. Por eso la participación de los Ultras del Dynamo y del resto de clubes está siendo tan bien recibida.

«Luchamos por un país en el que las palabras Justicia y Derechos no sean palabras huecas» reza una de las proclamas de los aficionados del Karpaty Lviv. La población ucraniana tenía la ilusión de que la entrada en la UE cambiaría las formas, que acabaría con un estado corrupto, con una democracia teatral dirigida en la sombra por unas grandes fortunas que desde su posición en el consejo de estado marcan la política del gobierno gracias a su poder y a la cantidad de votos dirigidos que proporcionan estos sabios millonarios a las castas políticas. Por eso, que el primer ministro rompiera las negociaciones con Bruselas para la incursión de Ucrania en la Unión – las condiciones de los 25 eran contrarias al modo de vida de las oligarquías locales – enfureció a una población que lleva desde la revolución naranja de 2004 demandando una ruptura total con Moscú.

Los White Boys - la palabra blanco es usada por su doble sentido racial - no son famosos por sus valores democráticos ni por su tolerancia, pero su participación está siendo importante en la defensa de Kiev. Éstos han conseguido parar centenares de autobuses llegados de otros puntos del país, e incluso desde Rusia, repletos de Titushky. En los escenarios apocalípticos que nos muestran las imágenes se pueden ver las palabras 'Ultras' pintadas con spray de color naranja, verde o blanco (Shakhtar, Karpaty o Dynamo) y suelen aparecer entre vehículos devorados por las llamas, en edificios tomados con todo su cascarón destrozado por las escaramuzas y en algunas de las barricadas que se han levantado a modo de fortificación.

Petro Poroshenko - el rey del chocolate, dueño una de las mayores lácteas de Europa - es el único oligarca que se ha mostrado partidario del Maidan. Y no es el primero en posicionarse a favor de una revuelta. En el pasado, fueron otros los que abandonaron la causa rusófona para dar cobijo a la oposición de ascendencia ucraniana, como hiciera Alexander Yaroslavsky – dueño del Metalist – en 2004 para caer en desgracia una vez Yulia Timoshenko fue apartada del poder y secuestrada por el estado bajo cientos de acusaciones; la mayoría de ellas falsas. Mientras la joven dirigente estuvo al frente del gobierno el oligarca medró hasta convertirse en el rey de Kharkov, una región que controla como un dictador con el visto bueno del estado; como suele ocurrir con sus compañeros de fortuna, convertidos en pequeños reyes de taifas que marcan la ley en los territorios donde residen. La resistencia de Yanukóvich tiene su porqué en el sustento que le dieron en el pasado oligarcas como Ihor Surkis – dueño del Dynamo – y Rinat Akhmetov – dueño del Shakhtar – y las élites del país, de clara tendencia pro-rusa.

Es común que en Ucrania el balón y la política vayan de la mano. La evolución de la clasificación liguera siempre ha coincidido con la fluctuación de la influencia de sus propietarios en las esferas de poder. En 2010 Surkis llegó al punto de presionar a la Federación para que le restaran 9 puntos al Metalist del caído en desgracia Yaroslavsky y poder así mantener el orden natural de las cosas, evitando que el Dynamo perdiera su segunda plaza en la clasificación. El club de Kharkov llevaba 7 años consecutivos quedando tercero, los mismos que lleva el Dnipro siendo cuarto; hasta que el club fue vendido - en extrañas circunstancias - a Kurtschenko, oligarca muy próximo a Yanukóvich, para acceder al subcampeonato casi de forma automática. la alternancia en el primer lugar dejó de tener sentido una vez el mandatario llegó al poder en 2009. Son famosas las historias de cómo clubes con propietarios dependientes – socios y hombres de paja – nunca suman puntos cuando se enfrentan a los tres grandes. Particularmente llamativas son las constantes y eternas derrotas que sufren el Arsenal Kiev y Metalurg Donetsk en sus respectivos derbys ciudadanos. En Ucrania siempre giró todo alrededor de los oligarcas, por eso la salida a Europa fue vista por la ciudadanía como un salvavidas al que aferrarse.

Alguien cubrió la estatua de Lobanovsky con una lona negra para protegerla de los altercados, pero nadie se acordó de quitarle el hielo de encima dejándola evolucionar hacia un puercoespín gigantesco. El bueno de 'Loba' tiene que ver entre cócteles molotov y cargas policiales las banderas blancas de los Ultras, que un día le veneraron en el estadio, reforzando la retaguardia de las protestas. A pesar de que empiezan a circular rumores de desapariciones sonadas de esta clase de hinchas – presuntamente los cabecillas de los Ultras del Metalist llevan un mes en paradero desconocido – siguen en las calles luchando contra los Titushky y las fuerzas del estado. Pero a pesar de todo se muestran orgullosos con el cambio 'de estatus' que han sufrido de cara a la sociedad: «Nunca tuvimos buena imagen. Puede que no nos dure siempre, pero es un motivo de orgullo que nos traten como héroes». Mientras los aficionados del Dynamo luchan en la calle el propietario del club sigue trabajando para Rusia apuntalando la resistencia de Yanukóvich. 

6 de gen. 2014

Vincent Tan, ya no molas

La pasada primavera los amigos de Lineker Magazine me pidieron un reportaje de cuatro páginas para su número XI. Por entonces, el Cardiff tenía encarrilado su primer ascenso a la Premier League tras 50 años de ausencia. Así que decidí centrarme en el club galés por una cuestión que me llamaba la atención. Meses atrás, un empresario malayo había llegado al club para salvarlo de la desaparición, y desde el primer minuto, el hombre del bigote se puso a tomar medidas un tanto sorprendentes. La primera de ellas fue cambiarle los colores y el escudo al club alegando motivos comerciales «para hacerlo más atractivo de cara al mercado asiático» dijo, donde el rojo y los dragones forman parte de la cultura popular. Sin embargo aquellas historias de luchas, cambios y tiranteces no tenían cobertura mediática, nadie se llevaba las manos a la cabeza porque un excéntrico propietario usurpara la identidad de un pequeño club galés. Es más, los casposos gestos del empresario eran recibidos con alegría y risas por la mayoría. Técnicamente, el Cardiff es una entidad refundada. Pero, con todo ello, lo que más me llamaba la atención era la parsimonia con la que afrontó el asunto la hinchada local. Apenas un grupúsculo de aficionados levantaron la voz, y encima, les sirvió para recibir amenazas y vacíos por parte de la mayoría silenciosa. Esa situación se ha mantenido así hasta que Vicent Tan se propuso acabar con Malky Mckay, un joven entrenador escocés que se convirtió en héroe y referencia para los aficionados por sus trabajo al frente del equipo. Deshacerse de Mckay ha traído una oleada de reacciones sorprendentes. Los que callaron ante el cambio de identidad ahora arremeten contra el malayo, incluso usando la camiseta roja como pretexto para criticarlo por sus formas despóticas de llevar el club. Los aficionados que nunca apoyaron al Keep Cardiff Blue, ni a otras entidades que han luchado desde el principio contra la situación, se han subido al carro para atacar a Tan tras echar al ídolo de los banquillos. Me parece interesante recuperar la historia de cómo estaba Cardiff la pasada primavera, todavía con el cadáver de la camiseta azul caliente. Al reportaje lo titulé 'Ciudad de pájaros azules y dragones rojos'.

***

Con los brazos extendidos y alzando al cielo de Gales una bufanda roja Craig Bellamy mira a cámara con rostro de satisfacción, hace escasos minutos que el árbitro ha señalado el final del encuentro que oficializa el ascenso del Cardiff City a la Premier League. Es la instantánea que inmortaliza el éxito de una institución que un año antes se encaminaba hacia la bancarrota debido a sus monstruosas deudas. Bellamy, hijo de la ciudad, legitima la traición con ese simple gesto. Para Scott Thompson, del Keep Cardiff Blue (KCB), la escena resultó vergonzosa: «Viendo aquello por la televisión me di cuenta de que el Cardiff había muerto definitivamente». Nueve meses antes, en el primer partido que el equipo galés saltaba con su nueva piel al terreno de juego, el graderío recibía a los suyos entonando su grito de guerra: 'bluebirds, bluebirds'. Eran tiempos en los que la entidad había prohibido la manifestación de sus aficionados a las puertas del recinto para protestar por el cambio de colores, impuesto tras la llegada del nuevo propietario del club. Había nacido el movimiento para conservar la identidad histórica de la institución, y con ello, una silenciosa división entre los propios supporters.

En Ivor Davies – un pub cercano al estadio – Darren y Warren, padre e hijo, tienen que soportar miradas y lidiar con comentarios. Son los únicos entre esas cuatro paredes que lucen el dragón. El viejo acude al fútbol desde 1957, su hijo, nacido en 1974, no se ha perdido ningún encuentro en 30 años. Ambos, abrazan con orgullo el color impuesto por Vincent Tan. «Los tradicionalistas siempre tienen por lo que quejarse» espetan sin rubor. Ambos han conocido Ninian Park con menos de tres mil espectadores en las divisiones más bajas del fútbol inglés «entonces no vi a ninguno de estos por allí, prefieren ver al Cardiff en quinta división que verlo entre los mejores», afirman. La actitud de esta peculiar familia puede considerarse pragmática, aunque no deja de ser una posición sumisa ante la pérdida de identidad de la institución. Y no son los únicos que piensan así.

En el exterior, empiezan a verse niños luciendo el número 10 con la indumentaria impuesta, y en las gradas, atentos al encuentro que les devolverá a la Premier tras 50 años de ausencia, se vislumbran pequeños puntos colorados entre un océano azul. El magnate asiático se pasea por los alrededores mientras los curiosos piden hacerse fotos con él. Sólo han pasado doce meses desde su llegada y ya empieza a ser aceptado. Visto desde fuera, cualquiera puede darse cuenta de que en Cardiff todo el mundo está haciendo la transición. El autobús que transporta a los héroes por la ciudad inicia su diseño en cobalto para fundirse en un degradado con el rojo; mientras, las uniformadas calles visten la tradicional camiseta para ondear con la mano los símbolos de la nueva etapa. El caso galés ha abierto un debate en Reino Unido, los 'Supporters Trust' llevan años solicitando a las autoridades una modificación en la ley para evitar dichas situaciones: «El fútbol debe ser protegido como parte de la cultura británica, el gobierno debe salvar a las instituciones de sus dueños, pero no lo hacen porque consideran esto un negocio, debería existir una regulación». Se quejan. De momento, nadie quiere escucharles. Incluso The Football Association (The FA), que tiene la potestad para autorizar o denegar cambios de nombre, traslados de ciudad y modificaciones en emblemas y colores, hace la vista gorda, aceptando con una actitud funcionarial los caprichos de los dueños. «Nos sentimos indefensos ante estos monstruos», es el lamento que expresa una militancia que ha generado todo un fenómeno emergente en las islas, la de los clubes fundados por aficionados desencantados con las entidades tradicionales.

Para los militantes del KCB no ha sido un año fácil. Durante todo el curso han tenido que ver como las hinchadas visitantes mostraban pancartas haciendo mofa de la situación. '¿Esto es Wrexham? Creo que nos hemos equivocado de ciudad' se podía leer en algunas de ellas. Aunque lo más duro ha sido la indiferencia de su propio público ante la situación. Mike Roderick, uno de los cabecillas del KCB, sufrió un intento de agresión cuando los hooligans del Cardiff Soul Crew irrumpieron en la reunión que mantenían en las entrañas del estadio mientras trataban formas de lucha para la conservación de los colores históricos de la entidad. «Si hacéis que al Cardiff le pase algo seréis vistos como el enemigo» le dijeron. A pesar de que las preferencias por el azul son extensas, entre gran parte de los aficionados pesa más la dureza del escenario que estarían viviendo si Vincent Tan no hubiera aparecido para solventar los más de 100 millones de euros de deuda que llegó a acumular la institución. Así, el Keep Cardiff Blue apenas cuenta con apoyo local. Incluso en facebook sólo suman 1220 'me gusta' – a fecha que se escriben estas líneas –,  siendo la mayoría de ellos provenientes de otros puntos del continente.

Pero Tim Hartley va más allá, siguiendo el ejemplo de sus vecinos de Swansea, este aficionado capitanea un fideicomiso que pretende adquirir un paquete de acciones que den fuerza y voz a los aficionados en la toma de decisiones. «Es mucho más que conservar una camiseta u elegir otra, se trata del cada vez más pronunciado desprecio al aficionado en el fútbol», afirma. Mientras el rebranding fue impuesto por el dueño sin consulta previa, para su estreno en la máxima categoría Tan ha pedido a los aficionados que elijan el color del pantalón que lucirán durante la 13/14. La consulta, que se podría tomar como una provocación, ha tenido cierto éxito entre una masa social que no hace demasiado consideraba irrelevante que le preguntaran.

Pero lejos de estar ante un caso aislado nos encontramos con un problema típicamente británico. La transformación en empresa para dar rienda suelta al filántropo victoriano nació en 1885, moldeando una mentalidad comercial en el fútbol de las islas hasta acostumbrar a sus aficionados a vivir este tipo de situaciones sin demasiados traumas. Aunque las formas están variando. Lejos del empresario local de fortuna han pasando al propietario extranjero que hace prestamos al 7% de interés a cuenta de las finanzas de la sociedad. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar una afición con tal de asegurar la supervivencia de su club? El caso del Cardiff City se presenta como un experimento sociológico bastante interesante. En estos casos se demuestra que la mayoría prefieren anteponer la viabilidad de su equipo por encima del rasgo identitario, contribuyendo, sin importarles, a la lenta degradación de la cultura futbolística a la que pertenecen.

Pero, ¿Estamos siendo los aficionados modernos demasiado tremendistas? El propio Cardiff City cambió su nombre y los colores de su equipación hace 90 años sin ningún tipo de trauma. ¿Sería posible hoy en día que el Newton Heath dejara de forma pacifica el amarillo para pasar a llamarse Manchester United y vestir de rojo? A lo largo de la historia casi todos los clubes que hoy consideramos tradicionales han cambiado su nombre, sus escudos y colores sin verse inmersos en ninguna guerra con sus aficionados. Probablemente ese hecho hoy no sería tolerado. Y no lo sería porque el grado de identificación va más allá de lo material gracias a la tradición. En los albores del fútbol este deporte era puro entretenimiento, sin demasiado arraigo entre las poblaciones que daban cobijo a los clubes. Con el tiempo, ha evolucionado hacia algo más profundo formando ya parte de nuestra memoria colectiva como sociedad, siendo parte de nuestra propia identidad como individuos.

Scott Thompson hace un año que no acude al estadio «para mí, el Cardiff desapareció el pasado verano», ahora rellena el hueco que le ha dejado el fútbol con el rugby. Para Tim Hartley y Mike Roderick algún día el City volverá a vestir el azul. Mientras, la ciudad vive en una dicotomía imposible entre los que anhelan recuperar una personalidad sustraída, anteponiendo la autenticidad aunque con ello tengan que jugar en la peor de las categorías existentes; y el sector sumiso, que con tal de asegurar la supervivencia de su club aceptan hasta asimilar la suplantación impuesta. Cardiff ya es una ciudad de pájaros azules y dragones rojos.

24 d’oct. 2013

La sonrisa afgana


Durante muchos años fue el escenario elegido por los talibanes para ejecuciones y juicios sumarísimos contra opositores al régimen. Pero aquella tarde, un recinto bañado en sangre y muerte, acogía a miles de almas para celebrar un hecho superfluo en la práctica, pero de una magnitud inabarcable en su esencia. Entre los vetustos graderíos del Ghazdi Stadium se mezclaron tribus enfrentadas durante décadas, asentando a mujeres, antaño recluidas en sus casas y esclavizadas bajo un manto de tela que las cubría de pies a cabeza, en la normalidad. Los tiros que arañaban la atmósfera ya no eran avisos de guerra, sino salvas de celebración. Entre un aforo desbordado y un griterío ensordecedor la selección afgana entraba al estadio para celebrar entre delirios su reciente éxito: la conquista de la copa Asia-Sur. El primer y único triunfo deportivo del país en toda su historia.

En los 20 años de dictadura talibán el fútbol fue una de tantas actividades prohibidas, ahora, tras doce años de guerra y libertad ejerce un poder de cohesión social muy superior al de la política. Cuando el pasado 20 de agosto Pakistán penetró en Kabúl para convertirse en la primera selección en tres décadas que disputaría un encuentro internacional en suelo afgano, en el país, la expectación alcanzó cotas nunca vistas. Por vez primera un partido de fútbol mancharía los televisores locales. Debido a su simbolismo, Karen Allen, corresponsal de la BBC, cubre el encuentro para la cadena británica, en la pieza, entrevista a un joven asustadizo que responde al nombre de Shabir Ahmad, con la mirada baja y voz temblorosa relata en un torpe inglés su llegada al estadio desde un mundo rural controlado por los talibanes: «Nos preguntaron dónde íbamos, les dijimos que a ver un partido de fútbol... ¡ y nos dejaron pasar !» No hace mucho esas mismas palabras le hubieran costado una ejecución en el mismo césped en el que vería a su selección vencer por 3-0.

La final de Katmandú

A los nueve minutos, Mustafá Azadzoy convierte un giro de tobillo en un regate que tumba al portero indio, vía libre para anotar el 0-1 y abrir el camino a la gloria. El muchacho, de 20 años, abandonó en brazos de su padre y con apenas unos meses de vida su país, huyendo de la amenaza talibán contra su familia. Hoy, es uno de los héroes que formarán parte de los libros de historia de la castigada región montañosa, un disidente de la paranoia que escribe la primera línea del mayor episodio de euforia nacional jamás contada. Entre las modestas gradas del estadio nacional de Katmandú apenas hay un centenar de afganos, la mayoría son funcionarios del gobierno, acompañados por algún empresario, que aprovecha el viaje para vender lana y establecer rutas de comercio. Son las únicas voces que gritan el tanto de Azadzoy

Los contendientes son a cuál más singular. La India ni siquiera tiene una liga nacional. Afganistán, hasta el pasado agosto, no había competido en 30 años, y sus jugadores, casi todos emigrantes, vienen de jugar en categorías regionales de Alemania, Noruega, Holanda o EEUU. La competición es un sucedáneo de copa asiática que ni la propia confederación continental da importancia al tratarse de una especie de torneo para que las selecciones más torpes adquieran experiencia competitiva. Nadie les está mirando. A los 62 minutos, un chut desde la frontera del área permite a Sandjar Ahmadi subir el definitivo 2-0 al marcador. Es 11 de Septiembre de 2013, y Afganistán gana su primer titulo internacional en pleno aniversario del ataque al World Trade Center, el primer paso de una guerra que devastó la nación durante 12 años.

La euforia de Kabúl

Una región castigada por la guerra y la pobreza lloraba de alegría, durante unos días las tensiones políticas se disiparon, etnias enfrentadas convivían pacíficamente en la calle portando la misma bandera, convirtiendo el efímero triunfo de la selección en una sólida puntada en la abierta herida nacional. Lo sucedido en Katmandú devolvió durante unos instantes la normalidad, algo tan extraño para ellos. Para tan pequeño país un torneo sin oficialidad adquirió tintes de copa del mundo, en sus calles se estaba construyendo el mayor acto de reconciliación nacional que se recuerda. Los coches que transportaron a los jugadores hasta el estadio acabaron con abolladuras en su chasis de la cantidad de golpes de ánimo que recibieron en su largo trayecto desde el aeropuerto. El país era un latido.

Azadzoy, recluido en su vehículo, ve por primera vez la tierra en la que nació. Recorre las calles que una noche, de hace muchos años, transitaron a hurtadillas sus padres para cruzar la frontera en plena oleada de secuestros y asaltos que los fanáticos habían planeado para aniquilar los últimos reductos de oposición. Junto a él también está Ahmadi, otro hijo de la diáspora, ambos compiten en el fútbol regional alemán, y allí, con aquellas sucias ventanillas ejerciendo de pantalla, graban en sus retinas las caras de unos compatriotas que solo han conocido la pesadumbre, hasta que una tarde del mes de septiembre, esos dos, les dieron una copa que celebrar. 

Las escenas que enseñan los cientos de vídeos caseros que copan la red nos muestran estampas más propias de la guerra. Hogueras encendidas que iluminan la noche, disparos al aire, gente desbocada corriendo por las arterias de una urbe polvorienta y llena de cicatrices. No protestan, ni se dirigen al frente, están danzando inducidos por la magia que desata una pelota de cuero cruzando una línea de cal. Kabúl, por una vez, vive feliz en medio de la miseria. 90 minutos de fútbol ayudaron más que doce años de política.

«Allahu Akbar» resuena con estruendo en el Ghazdi stadium, se oyen Kaláshnikovs gritaren sus gradas se agolpan cinco veces más personas de lo que su aforo oficial dice que se puede permitir. Sobre su césped ya no yacen cuerpos inertes acribillados por las balas, pasean 22 muchachos, muchos de ellos criados en Europa, ofreciendo un trozo de metal plateado a su pueblo. El mismo escenario convertido durante años en un monumento a la muerte y la infamia celebra ahora un éxito deportivo – herejía no hace tanto – en nombre de Alá. El triunfo no se desvanecerá, pronto se convertirá en política, en un mensaje gubernamental sobre el que construir un país nuevo. Los niños dejarán de deambular por las calles para acabar esclavizados en los clandestinos campos de amapolas del interior y empezarán a jugar al balón en las paupérrimas escuelas deportivas que las autoridades están empezado a construir con los nombres de los héroes de Katmandú. Un balón para transformar Afganistán, dos goles para hacer que el 11-S ya no sea sinónimo de guerra, sino de unión ante un triunfo nacional.

19 de set. 2013

El Swansea que salvaron dos amigos

El último gesto de una tediosa negociación fue lanzar un par de monedas a los pies de aquel australiano loco, una acción que plasmaba el desprecio generalizado hacia un personaje que amenazó con hundir en la miseria al Swansea. Era una habitación muy similar a la del modesto The Dragon Hotel en la que John Van Zweden pernoctó durante más de 30 años en vísperas de partido. Entre latas de cerveza y humo de tabaco un grupo de amigos depositaron las 25.001 libras que desposeían a Tony Petty de su título de propietario. Los cisnes, desde aquel momento, eran cosa de un par de amigos.

“Fuck you very much” responden David Morgan y Van Zweden cuando les preguntan si hoy venderían el Swansea City a un inversor. La entidad que adquirieron hace 11 años, rebanando hasta el último penique de sus cartillas de ahorro, se ha revalorizado alcanzando los 60 millones de libras, 2400 veces su valor de compra. Una suma considerable que podría hacer ricos a dos simples mortales. “¿Cómo vamos a vender algo que amamos y que nos ha costado tantos sacrificios? El Swansea es el dedo en el ojo de la capitalista Premier League y eso no hay dinero que lo pague”.

John y David tienen ese brillo especial en los ojos, el mismo que identifica a un niño abriendo su regalo de navidad, la misma mirada que ilumina el rostro de un pequeño entrando por primera vez al estadio de la mano de su padre. La Premier visitó País de Gales hace dos años, Swansea fue la primera ciudad galesa en competir en la mejor liga del mundo. Pero también es una tierra de pocos recursos, de marismas y recurrentes nieblas que cubren la urbe con demasiada frecuencia. Un espacio abrupto y cautivador definido por el poeta Dylan Thomas como 'encantador y repulsivo al mismo tiempo' en el que se esconde una increíble historia de amistad gestada hace 35 años.

Invierno de 1977

En el viejo Vetch Field, como tantas otras veces, David se preguntaba que hacía allí. Escapar de la fina lluvia era lo más emocionante de aquellas tardes de sábado contemplando partidos de la Fourth Division. Ella y un viejo programa de partido ejercían de evasores de dramas para aquel adolescente de 14 años. Sin ya nada que importara sobre el verde, ojeando un magullado y arrugado trozo de papel, intentaba poner fin antes de hora a un encuentro sin demasiada historia. 'Pen Pal Wanted'. En aquella cuartilla había un anuncio que le llamó la atención... un tipo de Holanda buscaba amigos por correspondencia. ¿Qué era aquel cisne negro en la camiseta de un equipo de fútbol? Preguntaba.

John Van Zweden nunca fue un estudiante brillante. Aunque siempre tuvo ideas geniales. Su bajo nivel de inglés amenazaban sus posibilidades de promocionar de curso, llevándole a buscar un nativo con el que cartearse para avanzar en su gramática, huyendo así del gasto que suponía un profesor particular con el que reforzar sus clases en La Haya. Morgan arrancó aquel anuncio, guardándoselo en la cartera, para aquella misma noche describir con furiosa precisión la enésima derrota del Swansea . “Tuve que hacerlo, aunque sólo fuera para explicar el significado del cisne” confiesa reclamado por la fama del momento. Apenas bastaron dos años de misivas para arrastrar a Van Zweden a la ciudad, presentándose con un destartalado Opel color naranja. “El coche más feo que he visto en mi vida” recuerda Morgan.

Los focos del viejo recinto emitían una luz amarillenta en contraste con el ocaso rojizo de la atmósfera, en las calles que rodeaban aquel estadio retumbaban cánticos abrumadores, pubs humeantes salían al paso de una especie de comitiva rumbo a las puertas del Vetch Field. Con la brisa del mar atormentando su ser, el holandés con problemas de inglés, acabó maldiciendo no haber nacido en aquel rincón del mundo.

Tras aquella iniciática visita viajaría semanalmente durante décadas hasta acabar convertido en un inquebrantable supporter, adquiriendo lentamente las inconfundibles pintas de hooligan borracho a punto de ser juzgado por un tribunal de orden público. Su refugio en el modesto The Dragon sería el lugar perfecto en el que construir su historia, donde ahogar penas en alcohol y vivir momentos de euforia colectiva con desatada pasión. Entre el ambiente del Vetch Field y las sábanas de una habitación polvorienta se gestaría a fuego lento la edad de oro de un club en decadencia.

Invierno de 2002

Los ánimos en la ciudad pintaban de gris depresión las entrañas de sus gentes. Aquel australiano esperpéntico que había llegado nadie sabía cómo seguía haciendo de las suyas. Los despidos de jugadores de forma despótica era su intento de arengar a una plantilla descabezada, abandonada frente al desastre y ya sin rumbo. Las noticias de impuestos impagados copaban los titulares de una prensa local que sólo restaba espacio al rugby para airear situaciones funestas del equipo de fútbol. Todo aquello junto, con el farolillo rojo en la League Two cosechado aquel fin de semana, amenazaba ruina.

Sentados en aquel tugurio, los murmullos que se escuchaban de fondo ponían banda sonora a las discusiones en torno a una mesa repleta de botellines y malos humos. Cinco amigos frustrados, cansados de la situación, no veían ante aquellas circunstancias solución alguna a una entidad ya de por sí poco atractiva. “Yo podría juntar hasta 50 mil libras” dijo Van Zweden. Fue un comentario suelto, un pensamiento en alto como intento de calmarse en mitad de aquel llorar las penas entre amigos y cervezas. “Yo puedo juntar 20 mil libras con un poco de suerte” le acompaño Morgan. Las miradas empezaron a cruzarse, las ideas a brollar sin control contagiando a todo el pub, tras el cual, llegaría una ciudad entera.

De repente las derrotas dejaron de verse como clavos asegurando la tapa del ataúd transformándose en autopistas hacia la libertad. Aquellos dos locos que empezaron a cartearse en su adolescencia habían parido un Supporters' Trust tras una melancólica conversación en la mesa de un bar, pasando por una arenga en las puertas del estadio transcrita en un par de fanzines, implicando por reacción a una masa social que acabó evitando una desaparición inminente. Fueron las bases las que recaudaron las 300 mil libras necesarias para pasar de rojo a negro la deuda con el fisco, un triunfo de tal magnitud que obligó al infausto Tony Petty a sentarse en una habitación de hotel para escuchar aquella oferta.

Un equipo de pueblo

Hace tres décadas y media el Swansea era víctima de su propio anonimato, una aguja en un pajar tan perdido que sólo un loco podría fijarse en él. “Pensé que cuanto más pequeño fuera el club más posibilidades tendría de encontrar respuesta, de que se alegraran de que alguien quisiera ser su amigo” dice un Van Zweden que más que mejorar su inglés aprovechó aquel anuncio para dar rienda suelta a su pasión por el fútbol. Hoy en día ambos rozan los cincuenta años. El rubio holandés en su pequeño negocio de alquiler y venta de coches viste a sus empleados con el cisne bordado junto al logo de la empresa. Incluso en el almacén esconde un pequeño museo del Swansea, atesorando un ejemplar del primer programa que se editó hace un siglo, comprado por 1000 libras a un librero quejoso.

Aquella pareja de amigos que se veían en la cantina del The Dragon para iniciar su pequeña caminata al estadio, vestidos con camisetas y vaqueros desgarrados por ilusiones y entusiasmos, han dejado la vestimenta casual para entrar en el moderno Liberty Stadium ataviados con trajes y corbatas manchados por responsabilidad y nervios al sustituir el viejo fondo por la comodidad de la tribuna. Es el precio que han tenido que pagar por vaciar sus cuentas corrientes y hacer frente al problema que amenazó al club con llevárselo por delante. Morgan y Van Zweden controlan un pequeño paquete accionarial, repartido a partes iguales entre otros tres amigos, el 24% restante, queda en manos del Supporters' Trust, agrupándose tras él todas las sensibilidades sociales que despierta la entidad.

Hoy en día los cisnes son una institución revitalizada, sumergida en el mejor momento de su historia, cimentado en aquella salvación milagrosa de 2002 que se presenta ya como el trampolín desde el cual han alcanzado las alturas con las que han conquistado el primer gran título – más allá de las copas de Gales – en cien años. En todo este tiempo muchas cosas cambiaron en Swansea. El viejo Vetch Field es ahora un bloque de apartamentos, el polvoriento y mugriento The Dragon se transformó hace tres años en un hotel de cuatro estrellas, pero a pesar de todo, el club, sigue ahí, fiel a su autenticidad, con el despacho del manager en el mismo agujero de cuatro metros cuadrados situado en el sótano de un gimnasio, donde Bob Martínez y Brendan Rodgers moldearon sus equipos clavando a la entidad en el mapa del fútbol mundial.

Son los síntomas inequívocos del presupuesto más bajo de la categoría, algo de lo que gusta presumir a su accionariado popular. “La bufanda de cachemir que usa Mancini vale más de lo que cobran al mes la mayoría de nuestros jugadores”, espetan sin rubor. A pesar de sus limitaciones el Swansea es el equipo que mejor trabaja y mejor juega sus bazas. “Fichamos lo que hace falta, nada más, si nos falta un lateral, fichamos un lateral, no un delantero pensando en cuánto valdrá mañana o si pasado se irá de precio y no podremos contratarlo”. Los chicos de Laudrup sumaron el pasado curso 500 pases más por partido que el Arsenal, vinculando para siempre el sobrenombre de Swanselona al del equipo gracias a un reportaje de la revista FourFourTwo en el que se mostró a Leon Britton junto a Xavi bajo el titular “uno de ellos es el mejor pasador de Europa”.

“Tocamos el violín toda la semana hasta que encontramos una nota que suene bien” dice Morgan entre risas, “en realidad no sabemos cómo hemos hecho que esto funcione”. El Swansea se presenta como un insulto a la cara de los grandes clubes y sus exageradas inversiones. Salta a la vista cuando se pretende conocerlos de cerca. De jueves a domingo John Van Zweden se pasea por el campo de entrenamiento ataviado con su inseparable chándal, pintando las vallas, tendiendo la ropa de entrenamiento o dirigiendo con los pocos empleados que tiene el club los trabajos más rudimentarios. “No quiero ser millonario, sólo quiero dirigir el Swansea junto a mis amigos de toda la vida, que es lo que hemos soñado todos desde pequeños. Rescatamos al club de la mierda y lo hemos puesto entre los mejores, todo este trabajo se iría al garete si mañana lo vendemos al primero que venga con la billetera” responde el holandés cuando le insisten con la posibilidad de vender el club.

Los cisnes salen al campo reuniendo un pequeño grupo de héroes locales para competir entre millonarias estrellas, un agujero en el sótano de un gimnasio público lucha contra lujosos despachos y legiones de secretarias, un vendedor de coches de segunda mano se cruza por los palcos con Mansour... es la fábula de David contra Goliat llevada a un terreno de juego. “Esto no tiene precio, voy a estar dirigiendo el Swansea hasta que me muera” sentencia Van Zweden. Los cisnes ya son el orgullo del fútbol moderno.

28 de maig 2013

Perill, espanyolització

A finals dels noranta es deia per Alemanya que només un equip format pels suplents del Bayern seria capaç de plantar-li cara a l'equip bavarès. Eren els anys de plom del futbol alemany, amb estadis vells i ruïnosos buits, equips en fallida i amb jugadors que fregaven els quaranta anys omplint les plantilles dels clubs de la Bundesliga. Només la sorprenent irrupció del Kaiserslautern al 1998 (fou campió sent un recent ascendit) i l'accident del Dortmund al 2002 evitaren que el conjunt de Munich guanyara aquells últims vuit campionats. Era una superioritat mínima, d'haver el Leverkusen superat la seua por al èxit el Bayern haguera signat una dècada amb un sols títol de lliga.

En l'actualitat, i des de fa mesos, al país teutó s'ha obert un seriós debat per a evitar que la Bundesliga es convertisca en la nova lliga espanyola. Un terme que es va encarregar de destruir Jürgen Klopp amb la brillantor que li caracteritza: “En realitat anem cap a la nova Escòcia, on només mana el Celtic”. Uli Hoeness es va mostrar preocupat i va prometre un gran debat nacional per a estudiar que es podria fer per a evitar la monopolització del campionat. El president del Bayern, que ha revolucionat la comercialització de l'esport a Alemanya als últims 20 anys, és conscient que el primer perjudicat d'una lliga 'a la española' (terme que s'usa amb freqüència en la premsa alemanya) és el seu propi club. I ho va fer no sense abans llançar un missatge: “On estan tots els diners que ha guanyat el Werder amb la Champions als últims anys? En què s'ha gastat el Wolfsburg els diners? Ens preocupa la situació, no és bo traure-li 25 punts al segon, però no és culpa nostra”.

Encara que Hoeness ho negue, en certa manera si que és culpa del Bayern. A diferència d'Espanya els problemes de la Bundesliga – tremendament elogiada a Europa, però amb molts defectes a ulls dels aficionats locals – no radiquen en les diferències econòmiques ni en un enfrontament d'entitats arruïnades contra clubs que s'enriqueixen a costa dels altres. Resideix en una qüestió d'imatge. Quan el Schalke va contractar a Raúl molts ho varen veure com una frivolitat, però en realitat l'operació responia a un anhel històric de l'entitat de Gelsenkirchen. Durant anys la institució minera ha tractat d'atraure grans jugadors europeus a la conca del Ruhr, però estos mai han vist atractiu ni en la competició ni en l'entitat a pesar de posar-los sobre la taula fitxes milionàries. Signar una vella glòria a la recerca d'un últim gran contracte fou la seua única oportunitat.

Recentment Der Spiegel va revelar que el Wolfsburg li paga al brasiler Diego vuit milions d'euros, entre sou base i primes per rendiment. No obstant això l'entitat depenent de la Volksvagen és incapaç de convèncer a jugadors de nivell per a jugar al seu club. Haguera acceptat Van Persie fitxar pels llops oferint-li més diners dels que guanyava en l'Arsenal? El Bayern és l'única entitat atractiva per al jugador continental, a l'únic club que un jugador mitjanament rellevant acceptaria anar encara que haja una dotzena que puguen oferir-li els mateixos diners i un projecte ambiciós a la Bundesliga.

El Dortmund paga als seus millors jugadors unes fitxes que freguen els cinc milions nets per temporada, suficient per a seduir a qualsevol estrella emergent, però ni tan sols amb Klopp i el seu subcampionat d'Europa és capaç d'aconseguir-lo. En eixa tessitura els rivals han de conformar-se amb formar talent i tirar mà de prometedors jugadors holandesos, polonesos, txecs, nòrdics... i tanmateix no poden retenir-los quan exploten seduïts pel poder de la Premier League, el glamour del Reial Madrid o l'atractiu del Bayern.

El Friburg, que ha estat lluitant per la quarta plaça durant tot el curs, té a deu jugadors de la seua plantilla formats en la seua pedrera. L'Eintracht Frankfurt, altra de les sensacions del campionat, compta amb vuit futbolistes de 20 anys, i amb set menors de 25, a més de dos que no superen els 18. En l'Hamburg només cinc jugadors dels 25 en nòmina han nascut abans de 1988. El club del diamant duu quatre temporades madurant un grup de joves talents que començarà a donar-li resultats dins d'una o dos temporades, mentre, el Bayern amb Guardiola i Götze poden seguir dominant sense oposició el campionat. Eixa és la diferència que fa possible 'l'espanyolització' de la Bundesliga.

El conjunt bavarès no competeix amb talents en formació, els deixa madurar als seus clubs i quan estos han arribat al punt òptim els fitxa aprofitant-se de la seua reputació. No va tindre objeccions en gastar-se 22 milions d'euros en Neuer, ni 40 en Javi Martínez. Fa valdre, com agrada presumir al seu president, que són una maraca global mentre els seus rivals són mers equips de barri condemnats a reinventar-se cada pocs anys. Els cicles històrics de la Bundesliga ens diuen que el Bayern mai ha sigut campió quan ha tingut un rival seriós pel títol, la seua gran sort és que eixos rivals duren en l'elit tres temporades. Van fitxar a Mario Gómez del millor Stuttgart, a Ivica Olic i Jerom Boateng del millor Hamburg, a Götze del millor Dortmund, a Mandzukic del millor Wolfsburg, a Klose del millor Werder Bremen i a Ballack del millor Leverkusen fent ús del seu poder d'atracció. És la forma que tenen d'afeblir al enemic local.

Els propietaris del Westfalen Stadion veuran marxar als seus millors jugadors després del èxit continental veient-se obligats a començar un projecte amb nous i prometedors futbolistes que necessitaran altres dos o tres anys abans de donar un rendiment adequat, i ho haurà de fer lluitant contra la potència bavaresa que seguirà solidificant el seu equip amb estrelles consolidades. La realitat del futbol alemany es troba en una estranya paradoxa. Els seus clubs cada any són més rics, guanyen més diners i tanquen els exercicis amb beneficis majors, no obstant això les diferències amb el Bayern al terreny de joc cada dia són més grans.

Peter Hess, del Frankfurter Allgemeine, posava l'accent en el factor Champions com element diferenciador. Segons Hess el Bayern, que només s'ha perdut una edició de la Lliga de Campions des de 1996, ha contat durant tot este temps amb uns 25-50 milions assegurats per temporada, mentre els seus rivals domèstics no han pogut consolidar-se a Europa. De fet l'èxit del Borussia Dortmund és una raresa històrica, generalment tot equip, llevat del Bayern, no sol quedar entre els quatre primers quan compagina Champions i Lliga. Als últims 15 anys excepte el Werder Bremen i el conjunt de Westfalia ningú ha aconseguit repetir tres temporades consecutives la seua classificació per a la màxima competició continental.

Recentment el setmanari Die Zeit publicava un decàleg amb mesures a adoptar per a evitar el risc d'una Bundesliga polaritzada. Entre elles estava l'abolició de la llei Bosman, lluny de restringir l'ús d'estrangers busca imposar que almenys 6 titulars siguen seleccionables pel combinat nacional. Un altre dels punts, parlava de crear un fons nacional on dipositar els premis UEFA per competicions europees i repartir-los equitativament entre tots, igual que suprimir els bonus per rendiment al repartiment televisiu per a ajudar a una major igualtat. No a molt tardar projectes de diners com el Red Bull Leipzig apareixeran per la primera divisió alemanya i s'hauran d'enfrontar al mateix problema que la resta. Com convèncer als millors jugadors per a que recalen al seu equip? Alemanya en lo futbolístic té un greu problema d'atractiu, té els suficients diners per a permetre's a molts dels millors jugadors del món, però estos no volen acudir llevat que els cride el Bayern.

És l'estranya situació d'un campionat envejat i referenciat fins la sacietat, un model de futbol social, on es gasta el que es genera, que ha de vore com les estrelles eviten recalar al seu futbol per a fer-lo en projectes que conten amb el suport d'un magnat. Açò ha dut als clubs a decidir-se per l'aposta en la fabricació dels seus propis cracs amb una inversió en instal·lacions i personal que en alguns casos freguen els vint milions d'euros. Potser eixa sobreproducció de talent faça impossible que l'equip de Munich puga absorbir-la tota i acabe sucumbint davant els seus rivals. Però mentre la segona generació de canterans arriba a la maduresa, només un equip format pels suplents del Bayern podrà plantar-li cara a l'equip bavarès als pròxims anys.

29 de gen. 2013

1932: Un jueu a Nürnberg

Jenö Konrad, com cada matí després de l'entrenament de l'equip, es va asseure al seu despatx del gimnàs que el club havia construït per a la seua secció d'atletisme, i que a l'hivern, servia de centre d'entrenament per als homes del futbol. Entre les pauses que el fum del cafè calent atorgava i la tranquil·litat de l'espai tancat es va parar a llegir la premsa del dia. No esperava trobar massa afalacs, el seu equip, el Nürnberg, al qual havia arribat a dirigir després d'anys d'èxits a Àustria, vènia de perdre un derby davant el Bayern en les eliminatòries pel títol nacional. Un rival menor per aquell temps, en aquells temps en els quals la vella dama (Der alten dame) dominava el futbol teutó sense pal·liatius.

Però més enllà d'un parell de retrets tàctics, de recriminar-li la posició de millor jugador de l'equip en l'extrem esquerre en lloc de la punta d'atac natural, no va imaginar topar-se amb allò que de forma casual va indicar-li la seua curiosa mirada. En Der Stürmer, una carta d'un lector, una de les seccions més populars d'un dels diaris més populars, escopia amb ràbia i rancor que la derrota tenia explicació en l'origen jueu de l'entrenador, "Amb un d'ells dirigint l'equip només anem costa avall", deia. No hauria tingut major importància si aquella missiva no haguera estat signada per Julius Streicher, capitost local de les SA, la milícia del partit nacional socialista en l'Alemanya de 1932.

Com tanta altra gent Konrad no va voler donar-li transcendència al fet. El míster havia sigut militar hongarès a la I Guerra Mundial, presoner a Rússia, i coneixia perfectament que l'antisemitisme en aquella Europa estava tan estés com un mantell de neu al mes de Gener. Aquell Nürnberg dominador no podria revalidar el campionat que va guanyar el curs anterior, i que guanyaria al posterior, en 1933, rescabalant-se d'aquell afront davant els menuts veïns de Munich que a costa dels Rot-Schwarze guanyarien el seu primer i únic títol oficial fins que la generació de Beckenbauer trencara amb la modèstia del Bayern.

L'hongarès irreverent formava part de l'escola que va esbossar els primers traços de l'estil magiar, un futbol obert, veloç i tècnic que deixava arrere els orígens britànics més rudes i directes. Encara que sense massa resultats a curt termini la introducció d'aquell estil al club de referència d'aquella Alemanya tossuda va ser una bufada d'aire fresc que va fer destacar al equip fins i tot en la derrota, estenent el seu domini més enllà dels resultats per a espantar també en la forma d'elaborar una tendència futbolística desconeguda en aquells camps de gespa marcida.

La fugida

Evelyn, una anciana de 84 anys, és rebuda a l'aeroport de Munich per una multitud de periodistes. Esta alçada dona de rostre esgarrapat pel temps, va recordant durant el trajecte a l'estadi aquella ciutat de blanc i negre que va conèixer, recuperant els sabors d'aquelles vesprades en el cafè Privatz, en dies tumultuosos amb discursos al carrer que pastaven multituds, recordant, davant les ruïnes somortes de la Zeppelintribüne, els temps en que aquella mole de ciment, en la qual encara es distingeix la silueta del àguila imperial, s'alçava com altaveu patri d'una bogeria col.lectiva. Convertit ja en un monument a la memòria d'una vergonya.

Evelyn va escapar amb deu anys de tot allò. Sense saber per què, sense explicacions, un dia, el seu pare, la va alçar del llit a altes hores de la matinada i al costat de la seua família van abandonar la ciutat, el país, i més tard, Europa. En aquell estiu de 1932 la situació política a Alemanya ja amenaçava tempesta. La mort del mariscal Hindenburg era qüestió de temps, i les guerres palatines entre Von Papen, Brüning i Hitler, que va acabar amb el cessament del primer, estaven delineant l'incendi del Bundestag, la nit dels ganivets llargs i la infàmia posterior. Aquella treta del partit Nazi va desembocar en unes eleccions anticipades que preveien guanyar amb majoria aclaparadora – posteriorment perdrien dos milions de vots, encara que no la seua posició al Bundestag – i una eufòria entre els seus partidaris que va donar eixida a represàlies fins a aquell moment 'habitualment aïllades' segons la gerga del partit.

Jenö Konrad, un sis d'Agost de 1932, rebia una carta anònima amb un bitllet cap a Jerusalem al seu interior. Aquella era la subtil manera amb la qual les SA advertien als seus objectius que serien els pròxims a caure. La fugida es va convertir en una odissea, d'Alemanya a Àustria, d'Àustria a Hongria, d'Hongria a Romania... una carrera entre Konrad i l'expansió Nazi que trobava pausa en les banquetes dels equips més punters de la regió est i que va acabar en 1940 al port de Lisboa, emprenent rumb cap a Amèrica per a no tornar mai. Per a morir amb la pitjor de les condemnes. La del oblit creat per la febre nacional socialista, construïda esborrant tota referència de tot jueu rellevant que havia passat pel país. Durant 80 anys Jenö Konrad ni tan sols ha sigut un record, ni una trista paraula mal sonant, l'home que va revolucionar el futbol germànic en la dècada dels trenta era el no-res absolut fins que algú va obrir un calaix i va trobar una paper tacat pels anys.

El reconeixement

Bern Siegler és un dels historiadors alemanys que s'encarrega de la restitució de l'esborrat que va emprendre la dictadura hitleriana durant la seua estada al poder. Entre altres, ha sigut l'encarregat de rescatar de l'oblit al president jueu del Bayern, ajusticiat pel règim, i també, de restituir la figura de Jenö Konrad al Nürnberg, meticulosament eliminada dels llibres i hemeroteques de tota la nació, com tants altres personatges, dels quals, gràcies a les cartes que les víctimes del holocaust van deixar, es tenen lleugeres referències de la seua existència. El passat mes de Novembre els Ultres del Nürnberg, aprofitant el derby davant el Bayern, aquell parit que 80 anys arrere havia obert les hostilitats del sector intransigent de l'Alemanya més negra, van realitzar un tifo amb l'efigie de Konrad per a rendir-li tribut.

El club bavarès és un dels més sensibilitzats en la lluita per recuperar la memòria històrica, precisament, per la seua instrumentalització durant la dictadura, té obert un museu on repara la imatge de tots aquells personatges que van vestir la seua samarreta i que van ser ultratjats simplement per la seua religió, ètnia, o idees polítiques. Dos mesos després, amb una parada de trenta dies del campionat per mig, la vella dama va convidar a l'única de les tres filles de Konrad que encara viuen per a homenatjar a la seua família. Evelyn Konrad al costat de Bernd Siegler, han tingut molt a veure en que este personatge, que va dibuixar les línies del millor Nürnberg de la història, abandonara el fons d'un calaix i apareguera de la foscor per a ocupar el lloc en la memòria col·lectiva que la bogeria li havia privat.

Al vell gimnàs, entre aquelles parets de ciment oxidat i pistes alçades pels anys, encara es conserven els despatxos que un dia van ocupar els gerents de les disciplines esportives que aglutinava el mantell del FCN baix les seues sigles. Al mateix lloc on aquell matí de Març a Jenö Konrad se li va gelar l'ànima al llegir la carta d'un gos nazi, ara , penja una foto on se li veu alçant la Bundesliga mentre mostra una pose orgullosa i un somriure feliç. En aquelles parets encara fumeja el cafè calent com a remei per a combatre el fred, mentre la premsa del dia es confon amb fulles repletes d'estadístiques, alineacions i taules d'exercicis. Però al despatx ja no reposen els ossos del míster hongarès, sinó els del entrenador de l'equip reserva, el constructor de talents futurs que nodrisquen al primer equip de matèria prima que facen algun dia reviure aquells temps en els quals la vella dama dominava el futbol alemany jugant a l'hongaresa.

20 de nov. 2012

Heynckes com a contradicció

Fou un poderós remat de cap primer i una agònica tanda de penals després els que evitaren que el cor del Rin desapareguera baix les cendres. Encara que explotaren al uníson, Mönchengladbach, a diferència de Londres, celebrava una derrota, la derrota del seu rival més odiat. Quaranta anys arrere els aficionats del Borussia ja van patir en les seues carns com altre dels seus referents històrics conduïa al Bayern cap a la conquesta del continent, una fita convertida en maledicció a la vora del Bökelberg i transformada hui dia en pura quimera.

Quan aquells dos estils enfrontats dividien al país, convertint qualsevol altra opció en una heretgia, Hennes Weisweiler va expulsar de la seua falda a Udo Latek, donant-li al Bayern l'ocasió de demostrar que era capaç de guanyar fins i tot traint l'estil bavarès. Un afront que encara cou en una terra que ha donat al futbol alemany a molts dels millors jugadors nacionals dels últims 40 anys i per la qual no estaven disposats a tornar a passar. Aquell episodi d'odi paternal que va generar un cisma de proporcions bíbliques ho va viure en primera persona un Heynckes que es va iniciar als 34 anys en les banquetes com assistent del fill proscrit, de retorn a una casa que va fer ús de bitlletera per a liquidar la trajectòria de l'arquitecte que va convertir al Gladbach en llegenda.

L'últim gran equip del oest, aquell dels vuitanta, va ser conduït per un Heynckes que sempre va fregar una glòria esquiva a manera d'amant impossible. Seguint la dinastia iniciada per Weisweiler i Latek, però ja no tornaria cap Bundesliga a la regió, ni altra UEFA, encara que moltes es van tocar amb la punta dels dits, gaudint amb encontres d'infart i lluites aferrissades mentre una massa entusiasta veia com el seu vell enemic es declarava en fallida al 1979, desapareixent de l'elit, sucumbint a mans d'un Hamburg imperial, d'un Bremen industrial però efectiu i d'un irreverent Stuttgart. Era l'avantsala d'una gran traïció.

Aquella etapa de consagració de l'alumne avantatjat es va tancar amb llàgrimes als ulls, amb abraçades sentides i homenatges que fregaven el ritu religiós, vuit anys de glòria que va segellar amb una promesa pública: “Mai entrenaré a cap equip de la Bundesliga més que al Gladbach”. Tal dit i tal fet, tres mesos després, al 1988, i davant la sorpresa general, Heynckes es va fer càrrec del Bayern com fera més de deu anys arrere Latek, però esta vegada, es faria càrrec d'un equip sense estrelles, d'un club que estava vivint una dècada de penúries, asfixiat per una economia limitada. Eren anys de plom a Munich.

L'aura d'aplegador que sempre el va acompanyar la faria servir per a guanyar-se el respecte d'un Olímpic que encara hui, traslladada l'ànima al Allianz, el venera com a un pare. Va retornar l'esperança a una ciutat llastrada per a aconseguir un títol que soles recordaven els més vells de la contornà, disputant unes semifinals de Copa d'Europa que serien l'epitafi a quatre anys en els quals va aconseguir tocar metall per primera vegada en la seua carrera, i a casa d'un gegant dormit. El Bayern, que va morir sent bavarès, va ressuscitar a les mans d'un Die Fohlen, d'un fill de l'escola de Weisweiler, d'un dels cinc magnífics que van embotir les vitrines del Gladbach de títols, rècords i fama. Una nova paradoxa a la casa d'un club que si alguna vegada va presumir d'alguna cosa fou de ser genuïnament bavarès.

Una breu però estable aventura per Bilbao, Tenerife i un fugaç pas pel Reial Madrid – amb Champions inclosa – el durien de tornada a Alemanya per a dirigir al Schalke post Stevens, per a durar tot just uns mesos – “És un entrenador de la vella escola, i això està bé, però estem al 2004” van al·legar en Gelsenkirchen – abraçant un retir forçós que no va ser tal perquè la bogeria es va apoderar dels dirigents del Gladbach, convidant-lo a regressar a casa per a estupor d'un públic que ho va rebre entre insults i amenaces de mort fins a consumar-se el descens en un ambient guerra-civilista amb Heynckes com a epicentre.

La carrera de Jupp en les banquetes va trobar a Leverkusen tres anys de perdó on es va regenerar com entrenador, on va recuperar un respecte perdut dècades arrere, alçant de les ruïnes a una Werkself que ja havia assumit la seua eixida de l'elit després del trauma de Daum al 2002. Encara que no abandonaria el seu estatus de perdedor. 24 jornades invicte per a comandar la Bundesliga pareixien suficients per a dur al Bayer 04 a la conquesta d'un campionat perdut en 8 ocasions als últims quinze anys, però tanmateix, va finalitzar quart després d'un tram final de temporada més que desastrós, fent-li veure la necessitat de posar fi a una extensa i convulsa carrera.

Encara que allunyat dels temps d'estretors, on guanyar era més un somni ocasional que una costum, Hoeness li va donar el retir daurat que potser es mereixia, posant-lo a les ordres d'un equip destrossat pel conflicte intern amb Van Gaal i amb una final de Champions a casa com a obsessió. La derrota davant el Chelsea va evitar que per segona vegada en la història un gladbacher fera campió d'Europa al rival més odiat al Bökelberg, i tenint a un traïdor com entrenador, un enemic del poble al que encara hui és rebut amb insults i menyspreus. Latek va ser expulsat per déu del paradís, regressant per voluntat pròpia trencant el seu compromís amb el diable, però Heynckes va jurar no entrenar mai a un altre.

Ara té altra oportunitat d'alçar la competició maleïda del Gladbach dirigint al rival, per a retir-se a la seua casa de Mönchengladbach a gaudir dels seus néts mentre revisa un correu ple de cartes que segueixen insultant-lo... o donar-li una última satisfacció als seus veïns, la d'eixir al carrer a celebrar altra derrota del Bayern a la Champions.

23 d’oct. 2012

A Borisov no hi han impossibles

El gol de Olekhnovich faria pujar al marcador el 0-3 davant el Lille certificant el primer triomf del BATE en la màxima competició continental, escrivint davant un estadi bocabadat, una nova pàgina en la història d'una institució que des de mitjans dels noranta acostuma a transformar les utopies en fets quotidians. I ho va fer baix les directrius d'un jove de trenta-cinc anys que va veure des de la banqueta com allò que va començar a dibuixar sobre el verd del Olympiastadion arribava a la seua culminació.

Fou a Munich, davant el 1860, quan el genoll de Viktor Goncharenko es trencaria per a apartar-lo dels terrenys de joc. Era el punt final a 15 anys d'obsessió en fer realitat el somni d'un pare que va signar la seua acta de defunció quan aquella nit d'Abril de 1986 el quart reactor de la central de Txernòbil va estremir al món. En l'est, les circumstàncies no solen demanar permís a l'hora d'assotar a unes gents que han après a incorporar en la seua ADN l'afany de superació. I sobre eixa premissa, s'alça la industrial ciutat de Borisov amb els seus 150 mil habitants, una urbs acostumada a ser la ventafocs que deixen pujar a una carrossa de cristall per a alternar-se amb les més belles de la contornà.

El sonat triomf davant el subcampió europeu respon al inici d'una nova fita en la història del futbol bielorús, marginat per la supremacia del hoquei sobre gel i el seu estatus d'esport nacional. Amb una irreverència quasi infantil el club capitanejat per un empresari caigut en desgràcia habitua a riures en la cara del Dynamo Minsk i de Yuri Chizh, un oligarca que respon al patró que regeix en les ex repúbliques soviètiques, i la proximitat del qual amb el confident del dictador va llaurar una hegemonia que un repudiat BATE s'ha encarregat de volatilitzar amb sis títols consecutius.

Eixe delicat joc de poders imperant en els vells satèl·lits soviètics aparta per necessitat d'aliats futurs als enemics del present, culpable de que Anatoli Kapski dirigisca la Borisovskiĭ zavod AvtoTraktornogo Elektrooborudovaniya, la automotriu estatal des de la qual catapultaria al club del futbol regional fins a la primera divisió, guanyant el primer campionat en 1999. Una forma blana de venjar-se de la seua dissort política. Precisament eixa guerra és la causant que l'home miracle del BATE, aquell que va exercir de Guardiola abans que el propi Guardiola, ocupara un càrrec vacant per una retirada disfressada de malaltia que enviaria a Kriushenko al Dynamo com a castic pels seus èxits sobre el terreny de joc.

Amb un projecte de pedrera que de tant en tant exporta talents com Hleb s'ha construït una història europea sense saltar-se cap capítol. La Intertoto abans que la UEFA, la derrota en les prèvies de la Champions abans que la classificació, la humiliació com a pròleg del primer punt, i la dignitat en la derrota abans de convertir-se en la revelació del any. Tot un afront per a l'aristocràcia bielorussa que ha de viure veient com en l'estadi nacional, en el cor de la capital, l'equip que ningú vol derrota al Bayern de Munich consagrant al futbol en un estat que ho mira de reüll.

«Preferisc anar a un partit d'hoquei que veure al BATE». Paraules d'Alexander Lukashenko, l'últim dictador d'Europa, que evidencien la inferioritat d'una institució que va trobar en els sis-cents mil euros el traspàs més car de la seua història. Amb la convicció de que no hi ha utopia que la il·lusió no puga tombar l'equip de Goncharenko pot deixar encarrilada la seua classificació per a vuitens si per una d'aquelles, en un nou episodi d'èpica i superació, Bressan, al minut 90, com fera amb els alemanys, aconsegueix vèncer a un VCF que funciona tan bé que s'ha plantejat repartir dividends mentre la seua plana major es passeja per eixe parc temàtic de l'Europa post pacte de Varsòvia a costa del club.

Són les conseqüències de l'absència de problemes a solucionar.

12 d’oct. 2012

Heinz Bonn, el Fashanu alemany

«Si aconsegueixes arribar fins a la caseta del entrenador sense que la pilota toque el terra, et contractarem» Corria l'estiu de 1968 quan un jove de 22 anys amb somriure picardòs i aspecte d'estrella pop emergent es va presentar en el modest terreny de joc del Wuppertal per a fer una prova que dirimiria les seues possibilitats de convertir-se en el que sempre va voler ser, un jugador de Bundesliga. Era un mig centre defensiu, elegant, amb tècnica suficient per a confondre's amb un talentós brasiler en aquell futbol tosc, que sense adonar-se, començava a mutar cap a la brillantor.

Aquella vesprada Horst Buhtz, una vella rabosa de l'escola teutona, es va fixar en aquell menut i revoltós jugador, que amb una desimboltura envejable, vacil·là en un test disfressat d'entrenament a uns consagrats Emil Meinsen i Günter Pröpper. En un entorn on els joves valors havien de fabricar-se les seues pròpies oportunitats va aterrar en l'elit pegat a una maleta de cartó i una caçadora de cuir per a gestar, en aquell apartament per moments tètric, amb el vell ferrocarril de banda sonora habitual, els seus primers somnis com a professional.

Allunyat del soroll mediàtic, de les catifes roges i de reporters insistents, Heinz Bonn va poder desenvolupar les seues habilitats entre silencis, continuar sent aquell xic afable, modest a pesar del seu talent, de pentinat rebel i aspecte entremaliat que en el terreny de joc catapultava al seu equip cap a un ascens deixat perdre en l'últim sospir. Les seues diagonals traçades en llenç i la seua precisió de cirurgià a l'hora de furtar el baló no van passar desapercebudes. Aquell sabor amarg al veure's derrotat deixà pas a una orgia d'ofertes e interessos de grans clubs, que amb el temps, es van convertir en la soga sobre la qual penjaria la seua ànima.

Hamburg com a malson

«Un esperit inquiet, la passió del qual és el futbol» Així va anunciar Klaus Ochs aquell matí d'Abril de 1970 que la sensació del any en la segona divisió alemanya s'incorporava al HSV per 75 mil marcs. Una xifra considerable per a un jugador de tall defensiu sense experiència en l'elit, una aposta arriscada per al gran club del nord, que vivia immers en la transició d'aquells gloriosos seixanta fins a una dècada freda a l'ombra de dos estils enfrontats que representaven Gladbach i Bayern, i a la qual, només posaria fi un mighty mouse provinent de Liverpool.

Ni els insistents elogis de tota una icona de l'època com Berty Vogts – ho va qualificar com el futbolista amb més futur del país – van ser suficients per a fer entendre aquella contractació. Un jugador d'escassa corpulència física que hauria de barallar-se amb fornits colzes i poderoses cames era massa elegant per a una lliga que encara exhibia múscul com a sinònim d'èxit. A Hamburg va experimentar per primera vegada la pressió pel resultat, l'exigència de demostrar minut a minut que valia 75 mil marcs i l'assetjament d'una premsa que el va rebre amb titulars que preguntaven qui era aquell ros del qual més enllà d'un terreny de joc ningú sàvia dir res.

Després de moltes setmanes tancat entre quatre parets transformant el seu físic en una armadura de fibra va pujar a l'autobús del equip rumb a Oberhausen. Era l'oportunitat de rescabalar-se. La seua obsessió en fer callar les burles i critiques cap a la seua fina complexió li havien dut a convertir-se en un addicte al gimnàs, a centrar les seues escasses compareixences públiques en lloar el seu nou físic. Entre peses i exercicis aerodinàmics va destrossar les seues principals virtuts en nom de silenciar un runrun ja erigit en dimoni personal.

Aquella obstinació sorprengué fins i tot als seus propis companys. Els mateixos que van qüestionar la seua contractació a les poques hores de fer-se pública, els mateixos que el cridaven 'peus de plom' a les seues esquenes després d'un debut on els nervis i la pressió li van jugar una mala passada. Va ser en aquell vestuari destarotat, de fred ciment, on Klaus Ochs per a sorpresa de tots li donaria l'oportunitat de tornar a demostrar que l'àlies de mag del baló que li havien posat a Wuppertal no era una exageració. I fou allà, sobre aquella mateixa gespa disfressada de rampa de llançament, on s'enfonsaria per a sempre la carrera d'un jugador que estava cridat a deixar en mediocre a un tal Beckenbauer.

Un debut com a punt final

Hans Schumacher anotaria el seu cinquè gol de la vesprada en el minut 80, i sense temps per a digerir el resultat Lothar Kobluhn transformava el 8-1 definitiu amb el qual acabaria l'encontre. Ningú entenia el que havia passat. El HSV va patir la que encara hui és la pitjor derrota de la seua història com a visitant. I no van ser pocs els que trobaren en el novençà el culpable de tal humiliació. Un veterà com Schulz qüestionà públicament la decisió del entrenador d'alinear a Bonn «perquè no està encara preparat per a açò», més dur es va mostrar Jürgen Kurbjuhn a l'afirmar que el xic «pareixia estar jugant baix els efectes d'algun tipus de medicació»

Aquelles paraules no van caure en sac trencat. Les distàncies van augmentar entre el grup i el jugador, unes distàncies alçades abans de la seua arribada per un vestuari veterà, coneixedor dels plans del club d'acabar amb les castes establides en nom de rejovenir una plantilla que havia tocat fons. La venjança de Bonn va ser endurir la seua actitud en uns entrenaments que li serviren per a que Georg Volkert culpara de la seua coixera a aquell sequerut de Siegen que va arribar a Hamburg per a jugar al futbol envoltat de llops embravits.

Estava a soles en la gran ciutat. Allunyat dels seus. Començant a perdre el control sobre la situació fins al punt de saltar-se les recomanacions del metge per a superar una lesió de menisc que ho van convertir en un resident habitual d'hospitals i clíniques, dibuixant al seu genoll cicatrius de disset centímetres que enfosquiren una carrera que no havia fet més que començar. Ho va intentar mil vegades. Però mai ho va aconseguir.

Reaparèixer després d'aquella lesió es va tornar en impossible, la seua obsessió en fer callar boques, en demostrar que era útil i que valia per a açò, en fer-se respectar per un vestuari canalla que ho va acollir com un enemic, transformà el seu somni en un malson sense fi. Quan una reaparició davant el Kaiserlautern pareixia servir per a rellançar la seua carrera ho van tornar a enviar a l'infermeria, i després d'ella, de visita a la regional-liga per a vestir la samarreta que certificaria una retirada prematura del futbol professional, la del Arminia Bielefeld.

Heinz Bonn va tornar a ser notícia

Sempre va viure en apartaments modests, en recintes més propis de ciutadans de classe mitja que d'afamats esportistes. El recel amb el qual guardà la seua vida privada el va consumir en els moments més difícils, fou la ciutat lliure qui li va fer gaudir en plenitud la seua sexualitat. Els seus viatges constants a l'altre costat construïren amb pausa parets negres que l'atraparen en un món fosc. No tingué el coratge de donar el pas. Va estar prop aprofitant l'assetjament d'un Morgenpost que es preguntava dia a dia per què ningú a Wuppertal sàvia d'ell més enllà del terreny de joc.. ni amistats, ni novies..Fou la seua forma de protegir una ambició major. La de triomfar al futbol.

La seua mala entrada en el vestuari del HSV ajudà a ocultar-se, en apartar-se de sopars i festes llevat d'aquelles que per compromís del club eren obligatòries  El seu secret va permanèixer fora de perill fins que un fred dia de Desembre de 1991 una veïna cridà a la policia de Hannover alertant del descobriment d'un cadàver. Fou allà, enmig d'un toll de sang, en una habitació esquitxada fins als racons més recòndits, on tot va eixir a la llum.

Heinz Bonn va ser assassinat per un home de la vida quasi tres setmanes abans que la forta olor a putrefacció alertara als veïns. La mateixa discreció, el mateix recel del que va fer gal·la per a ocultar la seua homosexualitat possibilità que la seua mort quedara impune. Encara hui, 21 anys després, ningú sap per què aquell busca-vides del que mai es va saber acabà amb la vida de qui un dia fou una de les majors promeses del futbol alemany.

Foren 40 metres de tocs de baló sense que este tocara el fang. Horst Buhtz va quedar satisfet amb la seua capacitat de treball, però buscava alguna cosa més, un home capaç d'enviar una passada a 30 metres i que esta reposara als peus del extrem. Al arribar a la caseta del entrenador Bonny va donar mitja volta tornat sobre els seus passos sense que l'esfèric fregara el terra. Va ser allà, en aquell peculiar camp d'entrenament d'un modest Wuppertal sobre el qual 'peus de plom' començaria a relatar el seu final.
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